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viernes, 13 de marzo de 2026

LA SANIDAD PUBLICA ASTURIANA ESTÁ MUY ENFERMA

 El objetivo de esta carta es realizar una crítica objetiva, basada en experiencias reales recientes, sobre la delicada -a mi modo de ver- situación de la sanidad pública asturiana.

Que nadie vea en estas líneas una descalificación global, ni de los profesionales sanitarios -que, dicho sea de paso, me parecen competentes- ni del equipamiento médico. Mi intención es, simplemente, describir ciertos episodios que inviten a la reflexión para que, si aún hay tiempo, se puedan adoptar las medidas oportunas.

Por lo tanto, no hay aquí crítica alguna a la competencia de los profesionales sanitarios, que con frecuencia se ven obligados a migrar a la sanidad privada o incluso a expatriarse en busca de oportunidades para desarrollar su propio y legítimo proyecto vital. Tampoco cuestiono la dotación de la infraestructura sanitaria, que considero de un nivel adecuado, aunque empiezo a albergar dudas razonables sobre su estado de mantenimiento.

Por razones de salud, mi padre ha tenido que acudir al servicio de urgencias del HUCA en tres ocasiones: una en 2023 y dos en 2026. En todas ellas se repite el mismo denominador común: un equipo sanitario absolutamente desbordado por la situación. Basta una mínima observación para comprobar cómo el personal deambula de un lado a otro como si no existiera la más elemental organización.

La atención -o, mejor dicho, la desatención- resulta francamente mejorable. La información al paciente o a sus familiares es escasa y, cuando en contadas ocasiones se produce, se ofrece en los pasillos o incluso en los propios boxes, descuidando la más elemental confidencialidad. No parece razonable que uno pueda enterarse del parte médico de otros pacientes.

Y qué decir de la eterna espera. Mi padre, con 97 años -mayor, pero plenamente lúcido-, tras observar el panorama, lo resume de forma tan simple como demoledora: "Aquí te dejan abandonado como a un perro". La última vez ocurrió hace apenas cuatro días, después de más de siete horas de estancia.

Solo puedo añadir que yo, asturiano y expatriado desde los 23 años, a pesar de tener domicilio en Oviedo, estoy empadronado fuera del Principado, donde la sanidad funciona mejor. Es esa una de las razones por las que, por ahora, no me planteo regresar a mis orígenes, al menos hasta que la situación mejore. Lamentablemente, la metástasis parece tan extendida que cada vez temo más que ese momento no llegue.

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