Ucrania golpea San Petersburgo con drones y lleva de nuevo la guerra hasta la ciudad natal de Putin
Zelenski califica su ataque como "sanciones de largo alcance" en respuesta a la negativa de Putin a negociar
Ucrania lanzó un ataque con drones contra San Petersburgo, el segundo en cuatro días. Desde Kiev, el presidente Volodimir Zelenski lo calificó como una respuesta a la negativa de Vladimir Putin a negociar. Las autoridades rusas aseguran haber derribado 144 aparatos en la región de Leningrado y 376 en todo el país. Kiev afirma que sus drones alcanzaron arsenales navales y también la base de Kronstadt, a unos 1.000 kilómetros de la frontera ucraniana
San Petersburgo, la ciudad natal de Putin, volvió a despertarse este sábado bajo el ruido de los drones. Ucrania lanzó durante la noche y la madrugada uno de sus ataques de mayor alcance contra territorio ruso, con objetivos en torno a la antigua capital imperial y a la región de Leningrado. El golpe, reconocido por Kiev y confirmado en parte por las propias autoridades rusas, alcanzó el área de Kronstadt, sede histórica de la Flota del Báltico, y obligó a cerrar temporalmente el aeropuerto de Pulkovo, varias rutas de transporte y los accesos a la ciudad naval.
Zelenski afirmó que los ataques son una respuesta a la reticencia del presidente ruso, Vladimir Putin, a poner fin a la guerra e iniciar conversaciones de paz: "Es hora de poner fin a esta guerra. Pero el líder ruso quiere seguir luchando. Por eso, Ucrania ha impuesto sanciones por esta agresión". "Nuestras sanciones de largo alcance recorrieron aproximadamente 500 kilómetros, Rusia debe poner fin a su guerra y dejar de atentar contra la vida. Cualquier injusticia contra Ucrania recibirá una respuesta justa", añadió en Telegram.
El ataque tuvo además un fuerte efecto mediático. Se produce en el último día del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, el gran escaparate económico anual del Kremlin, donde Putin había intervenido apenas unas horas antes. Moscú intenta presentar el foro como una prueba de normalidad y resistencia frente a las sanciones occidentales. Pero la presencia de drones ucranianos en el cielo de San Petersburgo, a unos 1.000 kilómetros de la frontera con Ucrania, vuelve a demostrar que la guerra ya no queda confinada al frente ni a las regiones rusas limítrofes.
El gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, reconoció por la mañana que la ciudad había sufrido un "ataque masivo de medios aéreos no tripulados de uso militar". Las defensas antiaéreas funcionaron durante horas y las autoridades pidieron a los vecinos que permanecieran en sus casas. También avisaron de posibles interrupciones en internet móvil, una medida que Rusia aplica cada vez con más frecuencia durante los ataques de drones para dificultar su navegación.
No hubo muertos, pero sí heridos. En San Petersburgo, tres personas resultaron heridas leves y fueron dadas de alta, según las autoridades locales. En la región de Leningrado hubo daños menores en fachadas y ventanas de viviendas, además de restricciones de transporte. Pulkovo, el aeropuerto de la ciudad, estuvo cerrado unas cinco horas. Decenas de vuelos sufrieron retrasos y varios aviones tuvieron que desviarse a aeródromos alternativos. Kronstadt, situada en la isla de Kotlin, quedó temporalmente cerrada a la entrada y salida de vehículos.
No es el primer ataque de esta semana contra San Petersburgo. El miércoles, al inicio del foro económico, drones ucranianos alcanzaron la Terminal Petrolera de San Petersburgo y objetivos militares en Kronstadt. Entonces una columna de humo negro fue visible desde distintos puntos de la ciudad.
Kronstadt tiene un valor militar e histórico especial para Rusia. Es una de las bases navales más antiguas del país y un punto clave para la Flota del Báltico. Allí hay buques, instalaciones de reparación naval, centros de entrenamiento y capacidades logísticas. Para Ucrania, que ha logrado reducir durante la guerra la libertad de movimientos de la Flota rusa del Mar Negro, golpear Kronstadt significa enviar el mensaje de que también el Báltico ruso está al alcance de sus drones.
La nueva oleada confirma un cambio en la guerra aérea. Ucrania, sometida cada noche a ataques rusos con drones y misiles, ha aumentado sus operaciones de largo alcance contra refinerías, depósitos de combustible, fábricas militares, aeródromos y bases navales en territorio ruso. El objetivo es castigar la logística de Moscú, encarecer la guerra y obligar a Rusia a dispersar defensas antiaéreas lejos del frente.
Para el Kremlin, el problema no es sólo militar. San Petersburgo es la ciudad política y sentimental de Putin, la vitrina donde cada año intenta mostrar que Rusia sigue abierta al negocio global pese a la guerra. Que los drones lleguen allí durante el foro económico erosiona esa imagen de control. Moscú insiste en que sus defensas repelieron la mayor parte del ataque.
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