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martes, 20 de enero de 2026

ESPAÑA UN PAIS INGOBERNABLE .

 Sé que el título que le he querido dar a esta columna, así de primeras, puede parecer un poco escandaloso, o sensacionalista, pero es que, desde hace ya unos meses, leyendo periódicos, oyendo tertulias radiofónicas o viendo informativos en televisión, ese concepto me viene una y otra vez a la cabeza.

Llevamos dos años y medio de una legislatura yerma, en la que los partidos se pusieron de acuerdo para evitar que el partido que había salido de las urnas con el mayor número de representantes accediese al Gobierno de la nación. No olvidemos que se trata de una amalgama de partidos con ideologías que van desde la extrema izquierda a las derechas nacionalistas, pasando por los herederos de la banda terrorista ETA que aún no han condenado aquellas carnicerías sin sentido y que nada consiguieron, o partidos como Junts, con su máximo dirigente huido de la justicia, pero todos ellos han conseguido algo muy valioso: sin el voto de todos y cada uno de ellos, nada puede salir adelante, y el apoyo de cualquiera de ellos a una hipotética moción de censura acabaría con el Gobierno encabezado por Pedro Sánchez.

Y con esa mayúscula baza en sus manos han ido consiguiendo cosas que ningún gobierno debería haberles otorgado: a los sediciosos de ERC y Junts, una amnistía que les ha quitado múltiples problemas de encima, a pesar de que aún el cabecilla sedicioso no ha conseguido regresar a Cataluña por la puerta grande; a Bildu, a cambio de su apoyo, la ha convertido en un interlocutor más, blanqueando esas manos otrora manchadas de sangre que aún no han pedido perdón y siguen liderados por uno de los cabecillas de aquellos tiempos de plomo; el PNV les arranca pequeños mordiscos, su afán extractivo es insaciable, aunque debido a su precaria situación a nivel autonómico, en la que dependen del PSOE para seguir ostentando el Gobierno de Euskadi, se muestran más comedidos. También es verdad que poco más se les puede dar ya...

Y, a pesar de todo lo ya entregado, quieren más, y más, pero no para aprobar leyes provechosas para la nación, o unos presupuestos que han sido incapaces de presentar en esta legislatura... No, exigen más para no dejarles caer.

Y en este marasmo nos encontramos en la actualidad. Una legislatura en la que no se legisla, es decir, no se aprueban leyes en el Parlamento porque el Gobierno carece de los votos suficientes para sacar adelante cualquier iniciativa, pero, eso sí, con todas las instituciones copadas por afines; los medios de comunicación públicos, que pagamos todos los españoles, dedicados al proselitismo gubernamental las 24 horas de día, y año y medio por delante hasta que no les quede más remedio que darnos la voz a los españoles para hacerles saber lo que sentimos.

Y les da igual que la corrupción les desborde, que sus banderas feministas hayan sido arrastradas por el suelo por los lugartenientes del propio presidente, usuarios de la prostitución y babosos con sus propias compañeras de partido, humilladas hasta en el propio complejo de la Moncloa.

Y, mientras tanto, el mundo que conocíamos se ha desmoronado a nuestro alrededor; quienes creíamos amigos y aliados ya no sabemos ni qué son; China nos inunda de productos que no puede colocar en el mercado de EE UU, mientras Rusia cada vez se comporta de manera más agresiva ante la pasividad del otrora "amigo americano". Y aquí, revolcados en este marasmo, enredados en escaramuzas políticas de baja estofa, constatando que llevamos perdida media legislatura, y perderemos la otra media que nos falta irremisiblemente antes de que la voz nos sea dada.

Pues, si no es un secuestro, se le parece mucho.

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