La odisea de Machado y la contradicción de Trump
María Corina no puede regresar a su país como una proscrita, ha de hacerlo como la líder de la oposición que ganó las últimas elecciones.
La captura de Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero no significó, como algunos pudieron esperar, el final del sistema chavista. Alteró radicalmente su equilibrio de poder, pero buena parte de sus estructuras permanecen en pie bajo la presidencia encargada de Delcy Rodríguez. Trump parece haber llegado a la conclusión de que sus intereses estratégicos, energéticos y de seguridad están mejor protegidos por un Gobierno venezolano debilitado y dependiente que por una transición democrática cuyo desenlace no podría controlar. Sería una grave equivocación. La estabilidad de Venezuela no puede descansar indefinidamente sobre la supervivencia tutelada de las estructuras que provocaron su desastre.
La cuestión adquiere mayor relevancia ante la concepción de las relaciones internacionales que Trump ha vuelto a exhibir ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Washington no oculta la primacía que concede al poder militar y a sus intereses nacionales. Pero una cosa es defender legítimamente esos intereses y otra sacrificar los principios democráticos que durante décadas sustentaron el liderazgo de Estados Unidos. Venezuela se está convirtiendo en una prueba especialmente incómoda de esa contradicción.
Machado no puede regresar a su país como una proscrita. Debe hacerlo con plenas garantías para participar en la reconstrucción democrática y representar a los millones de venezolanos que reclaman libertad política. Corresponderá después exclusivamente a los ciudadanos decidir quién debe gobernarlos mediante unas elecciones libres, verificables y con todas las garantías. Impedir que la principal dirigente opositora participe en ese proceso desnaturalizaría cualquier transición digna de ese nombre.
Tampoco Europa puede permanecer al margen. Algunos de los intentos de regreso de Machado han pasado por Aruba y Curazao, territorios vinculados al Reino de los Países Bajos. Sus autoridades deberían aclarar qué obstáculos frustraron esos desplazamientos y qué responsabilidad tuvieron en ellos. No es compatible proclamar el apoyo a la democracia venezolana y aceptar pasivamente que la líder de la oposición encuentre cerradas las vías de regreso. Trump puede obtener ventajas inmediatas de una Venezuela controlada por un Gobierno dependiente de Washington. Pero confundir control con estabilidad sería un error. La única normalidad posible pasa por desmontar la legalidad autoritaria y celebrar elecciones democráticas. El regreso de María Corina Machado constituye hoy una prueba decisiva. Estados Unidos debe elegir entre administrar los restos del chavismo o contribuir a que sean los venezolanos quienes recuperen, de una vez, su soberanía y su libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario