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viernes, 30 de octubre de 2020

LOS POLÍTICOS REFLEJO DE LA SOCIEDAD ACTUAL

 EL CASTIGO DE TANTO IGNORANTE.

Se repite con mucha frecuencia, y mucho más ahora, que no nos merecemos a estos gobernantes, o representantes o, en definitiva, a estos políticos.

La verdad es que yo parto de la premisa de que cualquier pueblo tiene los gobernantes que merece, más si hay posibilidad de voto. Esta sociedad, la española, y alguna otra de la que tengo constancia, tiene por costumbre rebozarse en la mortificación y de paso declinar la culpa de todo a la gobernanza, que para eso está.

Muchos debieran detenerse a observar el entorno, hoy, ahora, para aquilatar al personal, la verdad es que en mi opinión dejamos bastante que desear. Qué se puede esperar de una comunidad que aparca sobre las aceras sin que casi nadie lo perciba como un atropello, que consiente las cagadas de los perros en la vía pública, cuya única obsesión es estar en los bares, que cree que Viriato era un delantero centro, que acata las ocurrencias de un youtuber o un líder fanatizado pero niega el razonamiento de un Nobel. Qué esperar de gente que deja las mascarillas en las tazas de café de las terrazas, que consiente que sus críos se comporten como tarados en los hoteles, en donde se percibe como una amenaza la penetración del feminismo o se desprecia a la ecología, que ni capaz es de separar los residuos para meterlos en el cubo adecuado. En una sociedad en la que pocos se molestan en investigar lo mínimo para argumentar cualquier opinión sea esta pública o entre cuñaos.

Aquí, hace no tanto, se presumía públicamente de engañar a Hacienda y se le hacía la ola al corrupto con el argumento de "todos lo haríamos". Hace unas semanas un periódico de tirada nacional explicaba pormenorizadamente cómo engañar a los radares en las carreteras. Es esta una sociedad acrítica, ojo, entendiendo como crítica una razonada y mínimamente contrastada opinión, no un escupitajo de taberna.

Los medios de comunicación tienen un promedio penoso de calidad e independencia, casi todos en manos de garras financieras y/o cautivos de ideología interesada. Por eliminar, hasta se ha quitado de encima a los correctores de estilo, llegando en ocasiones a aberrantes usos del idioma, que ya es lo menos que se les puede pedir, y, lo que es peor, a casi nadie le importa un carajo.

En un debate político lo que manda es la gresca verdulera, carente del más básico contenido programático, lo hemos podido comprobar hace unos días en la maldita moción del partido exaltado, y la plebe hace la ola encantada de aplaudir a los suyos, no como ciudadanos, sino como una hinchada.

Qué decir del nivel empresarial. Como media ineficaz, elusor, explotador y quejica. No hay más que mirar a sus cámaras de representantes, parecen una suerte de obispajos decimonónicos, sujetos a discursos y procedimientos carpetovetónicos, muchos de sus dirigentes en chirona o en fotos comprometedoras.

Se puede seguir, pero creo que basta para adjuntar a mi teoría. Definitivamente, sostengo que los representantes que elegimos se parecen tanto a nosotros que da grima. Lo extraño sería que fueran gente educada, culta, respetuosa y cautiva del criterio y de una cosmovisión decente, con ideologías renovadoras, alérgicos a la falta de transparencia, generosos y de indiscutible talla moral e intelectual.

Nota: evítense ejemplos de sanitarios abnegados o señoras de pueblo con docenas de hijos en posguerra. No se esgrima la casuística, valórese el promedio. Se agradecerán, en todo caso, inteligentes argumentos que inviten al debate. Entre tanto, y hasta palmaria demostración, sostengo que sin duda tenemos los dirigentes merecidos. En general, claro.

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