Dice Bolaños «que esta a favor de las acampadas, que defienden causas justas» Este sujeto es la mano derecha de toda la indecencia sanchista.
Está a favor de las acampadas de Sol y de Ceuta porque piensa que les favorecen. Pues no. Ambas son consecuencia directa de ocho años de ineptitud, de un Gobierno que no ha hecho nada para solucionar el problema de la vivienda y que ha permitido una inmigración sin control.
Podríamos sumar la sanidad destruida. Resulta que nos decían que eran las derechas las que querían privatizarla y, sin embargo, nunca hasta ahora la sanidad privada había alcanzado esas cifras de beneficios. Mientras tanto, la sanidad pública ha pasado de la prevención a las esperas interminables: días para ser atendido por el médico de cabecera y meses, incluso años, para acudir a un especialista, hacerse pruebas o someterse a una operación. Esa es la realidad que padecen los ciudadanos, por mucho que intenten maquillarla.
Podrían ser acampadas por el encarecimiento de la vida, porque los sueldos y las pensiones no dan para más. Te suben un 3,5 % y la vida se encarece un 15 %. ¿De qué sirve que te suban los ingresos si el coste de la vida se dispara y cada vez puedes comprar menos? ¿Dónde está la mejora de la que tanto presumen?
Podrían ser acampadas por unas residencias de ancianos que, en muchos casos, son peores que perreras, y por esos ancianos que mueren solos y olvidados. Después vienen a llorar por Mari Carmen, pero unos meses antes se suicidó Olga, de 54 años, en Cataluña, tras otro desahucio, y nadie lloró por ella. Son muy selectivas sus lágrimas. Hay tragedias que merecen titulares y homenajes, mientras otras parecen no importar a quienes tanto presumen de humanidad y sensibilidad social.
Podrían ser acampadas contra un turismo invasivo que satura los servicios, compra viviendas, dispara los alquileres y encarece todo a su paso, impidiendo que los españoles puedan tener una vivienda en el lugar donde nacieron, trabajan y cotizan. ¿De qué sirve hablar del derecho a la vivienda mientras se permite que cada vez sea más difícil acceder a ella?
Podrían ser acampadas contra un Gobierno que nos dijo a la cara que gobernaría, si fuera preciso, sin poder legislativo, sin un Parlamento que respaldara su acción de gobierno. Es tan grave que solo alguien con aspiraciones autoritarias puede plantearlo con semejante desprecio por los contrapesos democráticos. ¿Quién representa al pueblo, usted?
¿Y qué decir de pisotear la igualdad ante la ley y la separación de poderes con esos indultos y esa amnistía a delincuentes, corruptos y fugados, todo para aferrarse al poder? Al mismo tiempo, señalan a jueces y críticos, cuestionan a quienes les exigen responsabilidades y convierten en enemigos a quienes no se someten a sus intereses. El mundo al revés de estos impresentables.
Podría seguir y seguir, pero es mejor no saturar a nadie. Motivos para protestar sobran. Lo que falta es que quienes tanto presumen de defender al pueblo tengan la misma indignación ante todos los problemas, y no solo ante aquellos que les interesa explotar políticamente. Jóvenes, no se dejen manipular o llevar por ese goloso impacto de notoriedad para hacer como Irene, Iglesias, Belarra, Errejón, Pablos... vendiendo la causa general a su propia vidorra. Estos si han conseguido vivienda, casoplones, áticos y sueldazos, soluciones para el resto de españoles ninguna: solo confrontación, división y toxicidad. Sus acampadas huelen a lo mismo. Buscan blanquear a este gobierno en nombre de causas nobles y justas dejándose manipular en busca del mismo camino de las de Podemos y Sumar. Más de lo mismo. Carajillos que no han trabajado en su vida reclamando mejor vida de la mano de los que deberían proporcionársela. Recuerden una cosa importante: sin sacrificio no se consigue nada de valor.
Lo que se regala sin esfuerzo puede generar dependencia y terminar conduciendo a la pobreza. Porque lo que realmente nos hace libres no es recibirlo todo gratis, sino tener la capacidad de ganarnos la vida con nuestro propio esfuerzo.
Este Gobierno sanchista tiene que desaparecer del poder antes de que termine de destrozar este país y nuestro Estado del bienestar. ¿Que podemos fiarnos de la alternativa? Por supuesto que tampoco. A la alternativa habrá que exigirle resultados, responsabilidad y respeto a los ciudadanos. Pero una cosa no quita la otra: el sanchismo, fuera.
Nos jugamos demasiado. Y con él, fuera también todos sus cómplices políticos, todos los que lo sostienen y todos los que miran hacia otro lado mientras España se deteriora.
Sánchez es un Maduro en potencia. Y cuando se juega con las instituciones, se desprecia la separación de poderes y se pretende conservar el poder a cualquier precio, el peligro no es una exageración retórica: es una advertencia que ningún demócrata debería ignorar.