Ustedes, los sanchistas, reparten, despilfarran y regalan prebendas con el dinero de todos los españoles como si fuera de su propiedad, no para mejorar la vida de los ciudadanos, sino para aferrarse al poder.
Eso se acerca peligrosamente a la corrupción institucional: utilizar los recursos de todos para comprar apoyos políticos y mantenerse en el Gobierno.
Porque cuando se cambian leyes para blanquear delitos como la sedición o la malversación; cuando se conceden regularizaciones a inmigrantes que entraron pegando una patada en la puerta; cuando se reparte por las comunidades a quienes invaden y entran ilegalmente por nuestras fronteras; cuando se buscan nuevos españoles para darles la nacionalidad con el único propósito de obtener votos cautivos y agradecidos; cuando se regalan cargos, ministerios, chiringuitos, subvenciones, amnistías, indultos, competencias, privilegios, concesiones y dinero público a cambio de votos y respaldo parlamentario, la pregunta es inevitable: ¿dónde termina la negociación política y dónde empieza la compra de poder?
La culminación es ese reparto del nuevo modelo de financiación, donde la mayoría de las comunidades votan en contra, pero a ustedes la democracia parece traerles sin cuidado. Si para conservar el poder hay que premiar a unos y perjudicar a otros, parece que todo vale.
¿Y qué decir del parecer del impresentable presidente, que dice que defiende la alternancia, pero que ahora «no se dan las circunstancias» para ello? ¿Qué circunstancias tienen que darse? ¿Acaso las circunstancias no las decide también el pueblo en las urnas? No lo ven claro. No se da el momento porque sabe que perdería el poder.
Hay que echar a este tipo. Chaves y Maduro se quedarían cortos ante semejante afán de poder.
El dinero que ustedes reparten no es suyo. Es de todos los españoles. Y el poder que pretenden conservar tampoco les pertenece.
Han ido entregando concesiones a quienes necesitan para seguir gobernando. Han convertido la necesidad de unos votos en una permanente subasta política, y la pregunta sigue en pie: ¿a los independentistas qué les queda por darles? ¿Qué más están dispuestos a entregar de España para conservar el poder?
Y ya no digo nada de los socialistas de verdad. ¿No sienten vergüenza de aplaudir y apoyar a este sujeto, tan mentiroso, tan oportunista y tan trilero? ¿De verdad pueden seguir mirando hacia otro lado mientras ven cómo se utiliza el poder y el dinero de todos para mantener un Gobierno a cualquier precio?
Porque una cosa es gobernar y otra muy distinta es aferrarse al poder a cualquier precio. Y cuando para conseguirlo se utiliza el dinero de todos, se reparten privilegios y se hacen concesiones políticas a cambio de apoyos, la democracia queda reducida a una moneda de cambio.