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miércoles, 7 de octubre de 2026

VIVIENDAS SI ,PERO CON CRITERIO Y LÍMITES

 Lo que pide precisamente la gente es vivienda para quienes no pueden permitirse los precios del mercado. Y, por supuesto, esa vivienda tiene que construirse allí donde más falta haga.

Si esa vivienda protegida se entrega sin control ni criterio, a cualquiera que llegue, el problema no hará más que perpetuarse. Llegarán más y seguirán llegando, mientras la oferta nunca será suficiente para atender una demanda que no deja de crecer.

La vivienda protegida debe estar destinada prioritariamente a españoles y a inmigrantes necesarios, integrados y que aporten a nuestra sociedad. No a alimentar un sistema que genera una demanda de personas vulnerables procedentes de todos los continentes que ningún Estado puede atender de manera ilimitada.

Y, por supuesto, también hay que poner límites a la compra y acumulación de vivienda por parte de extranjeros cuando eso contribuya a expulsar del mercado y encarecer la vivienda para quienes viven y trabajan aquí. La vivienda no puede convertirse únicamente en un activo de inversión mientras quienes necesitan un hogar no pueden permitírselo.

Un país es un país. Tiene fronteras, leyes, recursos y una capacidad limitada para atender las necesidades de su población. No es un mundo mundial en el que cualquiera pueda elegir dónde jugar, vivir y estar, y en el que los demás tengamos que asumir indefinidamente las consecuencias.

Ustedes, los progresistas y feministas de nuevo cuño, fueron quienes contribuyeron a deteriorar nuestro Estado del bienestar, repartiendo recursos sin límite y convirtiendo España en una especie de ONG a gran escala.

Confundieron gestionar España con regalar España. Y los recursos no son ilimitados. Uno puede ser solidario, pero no estúpido.

Y sí: aquella igualdad que tanto repetían Podemos, IU, Sumar y los sanchistas acabó pareciéndose demasiado a una igualdad a ras de suelo: bajar el nivel de todos en lugar de mejorar las condiciones de quienes realmente más lo necesitan.

Esa es la realidad. Dejar gobernar a quien carece de la responsabilidad, la personalidad y la preparación necesarias para asumir semejante tarea es un tremendo error que todos estamos pagando muy caro.

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