Esta misma mañana me he cruzado en el vitoriano parque de la Florida con el lehendakari Pradales andando y su inmenso séquito de escoltas. Tal magnitud desproporcionada de erztainas doscientos metros delante, inmediatamente delante y detrás me parece personalmente una desmesura en los tiempos que ahora corren. La seguridad debe ser acorde a este pequeño país que es Euskadi; a la leve amenaza que hoy día se cierne sobre nuestro representante; al sentido común y eficiencia que ha de regir el gasto público y los servicios ciudadanos de los que nos dotamos; a la discreción que ha de conducir la representación pública de nuestras autoridades. Todo lo que no sea así es perjudicial para el ciudadano. Al menos, a mí me lo parece; porque sustraemos presupuesto y efectivos de otros cometidos de seguridad ciudadana. Pero, sobre todo, porque con este tipo de conducta estamos contribuyendo a encumbrar falsamente a sujetos, a quienes proyectamos dos metros por encima del suelo. Uno o dos policías son más que suficientes, sobre todo por si hay que corregir a algún díscolo viandante que se acuerda de sus ancestros. Y, bueno... tampoco es cuestión de estos trances. A ver si nuestros políticos emulan a nuestros soldados de ayer, para quienes era un orgullo morir si preciso fuese en el cumplimiento del deber.
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