Entradas populares

sábado, 18 de julio de 2026

NOSTALGIA DE GABIOTAS SOBRE PROMONTORIOS

 El mundo es fantasía, galerna, belleza y esqueletos rampantes, astros que nos guían, hadas y cuélebres marinos, judíos, holandeses errantes en navíos malditos que surcan mares de olas

embravecidas, romanticismo todo en Espronceda, género gótico e ilusiones que pronto se

tornarían prospecciones mineras subacuáticas. En un viejo pergamino de sepia color, no hace

mucho, tal vez un siglo, un labrador de cerca del Cabo de Peñas encontrara un mapa del tesoro de una antigua isla en mitad de Mar español del Norte. La isla se llamaba Uceliaxana, una superficie de tierra indómita que había sido cuna y sede de una antigua civilización ofiusa, de runcones marinos y celtas que pasarían a Irlanda, era misterio y celebración eremítica, solo con ocasión de ritos especialmente mágicos, de matriarcas de varita mágica, mutantes Proteicos, Polifemos homes marines, Nuberos y almacenes en cuevas, donde fueran a parar torques, cofres de preseas romanos bizantinos de oro, estandartes flameantes de letras cufíes, pizarras visigóticas de encantamientos al estilo de la piedra votiva de sortilegios

de la época del rey astur dinástico don Silo, rey que alzó la corte pésica de Pravia. Arnao era pueblo de acantilados y vistas costeras sobrecogedoras, en un escenario de salitre de pescadores acostumbrados a naufragios en alta mar, a invocaciones al Señor de todos los afligidos, humildes, menesterosos, héroes y sacrificados, precisados de consolación y ayuda celestial; en años decimonónicos se había transformado en lugar fabril de ingenios mecánicos extractivos, grúas y arneses, contabilidad y accidentes fortuitos, un ambiente minero de enigmas bajo el mar, de industrialización y tabernas de sidra, hermandad, viriles cantos exaltados. El día infausto de 1892, cuentan las crónicas parroquiales, hubo un derrabe, derrumbe o desprendimiento en la mina y fallecieron 14 mineros, pero, en general, el ambiente paternalista protector de la compañía favorecía también desenvueltos esparcimientos obreros, sanctas romerías con gaita, meriendas campestres y licencias.

Cerca de la fábrica de Arnao había un cementerio de antiguos héroes de la guerra de

Cuba, españoles hidalgos que habían ido a luchar en tierras de antiguo imperio, ron, caña de azúcar, fortín y acrisoladas pieles caribeñas. El mundo de Arnao ofrecía una imagen de gran belleza natural armoniosa y otra de inquietantes caminos rurales umbrosos que serpenteaban por bosques de busgosos, hombres del bosque con morral, pezuñas, hablar tosco, soez y ademanes de incitación inquietante, que conectaban con leyendas de antiguos burgomaestres de vida desgraciada que, desesperados tras la pérdida de un hijo, se internaran en los claros de bosque rural para ya nunca volver a la civilización urbana.

Lo mágico siempre había rodeado a Arnao, ermita bajo la luna, arpón, herrerías de caballos de herradura y espuelas de oro. Arnao, de finos chalés modernistas art-decó y robledales,

que un día fuera encuentro de druidas mundiales, de jóvenes deseosos de cambiar el mundo,

desde visiones de puesta en común de oráculos a interpretar desde la mitología, enigmas

de razas y civilizaciones perdidas, ocultas bajo un mar de Nibelungos, de camaleones que

solo salían con la rosada de la Noche de San Juan, a rodar por los prados húmedos, para

curarse completamente de Escrófulas, pelagras y desventuras de amores, para ir a beber de

las fontanas y manantiales más límpidos y cristalinos, que auguraban el pronto compromiso

con Dama doncella, de vestiduras como de aparición tolkeniana de Señor de los Anillos. Arnao era dura faena, pioneros de un mundo de extracción mineral mecanizada, calaveras halladas en antiguos castros, encaramados como vigías sobre el mar celta, que miraba al mundo de armórica, al mundo artúrico, al mundo aquitano y de lo hiperbóreo con huella ibérica romana de Mare Nostrum. Siempre que estuve en Arnao, la muerte, sus pestes, lepras y maldiciones me respetaron, ya que vestía, por dentro y por fuera, mis mejores galas, mis mejores galas de caballero que un día perdiera a su único hijo, dejara de ir a los actos litúrgicos y tribunas, abandonara maneras y estilo refinados, para ser Xuan Panderu el de la Viesca, el hombre ermitaño de un bosque de lirios y rosas al lado de un mar de galernas, ocle, nublado horizonte gris, Cristo de Candás. Asturias es marinera, pixueta, de Cristo de Candás, Navia, Tazones, Llanes, oleaje de marejada, marisco, marrajos, delfines, ballenas que van a morir a la orilla, pesca de palangre y minería bajo el mar. Un día sé que mi esqueleto, mondo y lirondo, aparecerá flotando en las estribaciones de la playa recoleta y recóndita, de peñascos, ortigas y senderos que bajan al arenal, un esqueleto de un hombre mediano osado, sacrificado y héroe contradictorio y sensible, hosco de ojeriza, muy campechano y muy esmerado en la atención amistosa, amante de la vida, la música de Chopin, las marchas de misa interpretadas a gaita, las romerías de una bella juventud inocentemente esplendorosa, por eso, jovial, áurea, divina juventud, siempre. Aquellos días azules de la juventud, que es siempre volver a redescubrirse en otra identidad, en otro tiempo, en otra circunstancia, siendo espíritu, alma de inmortales.

Arnao, Castrillón, Asturias, origen y cuna de la accidentada, productiva, humanizada

Industrialización española, en una Asturias de minas y carbón, chimeneas, computerización

No hay comentarios: