El foco de la OTAN en el este y el miedo al descontrol migratorio aceleraron el giro de Sánchez
El Gobierno asegura que Argelia estaba advertida y no espera problemas con el suministro de gas hacia nuestro país
Los movimientos de Estados Unidos, Francia y Alemania arrastraron al Gobierno para no quedar aislado ante futuras presiones de Marruecos
El Gobierno trabajaba desde hace meses en el restablecimiento de las relaciones con Marruecos. Todos los gestos, relevo en el ministerio de Asuntos Exteriores incluido, o la implicación con algunos mensajes públicos de Felipe VI, algo de lo que este Gobierno siempre recela, no fueron suficientes. La corrección en la posición de España sobre el Sahara Occidental ha sido el peaje definitivo y duradero, al menos así lo cree el Gobierno, para dotar de estabilidad la relación con Rabat. La gran preocupación del Gobierno es el control de los flujos migratorios sobre Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, aseguró ayer que en Marruecos «se comprometen a colaborar contra las mafias de trata de personas, contra la inmigración ilegal».
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