Una comparecencia inútil con respuestas inverosímiles
Si Rodríguez Zapatero pretendía mejorar su imagen pública, no lo hizo a base de contestaciones evasivas; si pretendía mejorar su situación procesal, la interviú resultó aún peor.
Es seguro que muchos de los telespectadores que ayer vieron la entrevista en RTVE a José Luis Rodríguez Zapatero se preguntaron a qué fue exactamente el expresidente del Gobierno. Si pretendía mejorar su imagen pública, es difícil que lo haya conseguido con sus momentos de titubeo y sentimentalismo, respuestas evasivas, algunas, e inverosímiles, muchas. Y si pretendía mejorar su situación procesal, en una especie de transferencia entre el plató de televisión y el juzgado que lo investiga, el resultado fue aun peor. Las pocas, incompletas y nada convincentes respuestas sobre las joyas halladas en la caja fuerte de su oficina ningún beneficio le dieron y no lo alejaron del procesamiento, ni del banquillo de los acusados. No explicó el cuándo, ni el quién de la entrega de esas joyas. Si se hubiera quedado ahí, su paso por el programa de Javier Ruiz, se habría saldado con indiferencia. Pero Rodríguez Zapatero se metió en un jardín, hasta el extremo de rozar lo patético: las joyas eran «una cortesía personal», las tenía «sin afán patrimonial» desde hacía «muchísimos años», «no tenían uso, ni destino». Para rematar su versión no dudó en afirmar «que lo último en lo que pensaba era su valor patrimonial». Esta suerte de desapego de Zapatero por la riqueza, tan propia de esa esencia socialista que es «tener poco y dar mucho», resultó ofensiva para cualquier ciudadano, por ser increíble y falsaria. Se expresó como un nuevo rico, que no lleva la contabilidad de su riqueza, lo que no encaja bien con tenerlas en una caja fuerte ubicada no en su casa, sino en su oficina profesional, sin haber sido declaradas fiscalmente. Dejó para el juzgado las explicaciones de quién y cuándo se las dio, pero ya tuvo oportunidad de decírselas a ese juzgado y se calló; se comprometió a darlas en un plazo que fijó él mismo y no lo ha cumplido. Para la posteridad quedará su opinión de que el código ético que él mismo impulsó sobre regalos «será interpretable». El relativismo moral de Rodríguez Zapatero es escandaloso.
La insistencia del entrevistador en las joyas sí tiene un beneficiario claro: el Gobierno de Sánchez, porque de todas las corrupciones que se le imputan judicialmente a Rodríguez Zapatero, la de las joyas es la única que, por lo que se sabe, no compromete al Ejecutivo socialista. No hubo preguntas directas sobre el más de medio millón de euros que cobró tras el rescate de la aerolínea Plus Ultra, cuya respuesta habría afectado directamente al Consejo de Ministros que lo aprobó. Volvió a negar lo que ya había negado ante el juez –no hizo gestiones por salvar a Plus Ultra–, pero decidió no confrontar con los datos precisos y concretos facilitados por su exsocio Julito Martínez y la propia aerolínea. Defendió a sus hijas, pero se remitió a lo que estas y su sociedad aporten al juzgado. Alabó a su secretaria, Gertrudis Alcaraz, aunque dejó caer que ella y la gestoría eran quienes decidían cómo se facturaban sus servicios.
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