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Los fondos que Pedro Sánchez bautizó como de «resiliencia» están fallando en un porcentaje alarmantemente alto. Pero es que además la herramienta informática de control falla
La equivalencia entre lo que presume el Gobierno de la recepción de fondos europeos para salir de la crisis y la ejecución real de esos proyectos en dinero contante y sonante está muy descompensada. No es ninguna noticia nueva que miles y miles de proyectos están aún varados en una maraña administrativa tan densa y compleja que obliga a miles de pequeñas y medianas empresas a renunciar a ellos.
Los fondos que Pedro Sánchez bautizó como de «resiliencia» están fallando en un porcentaje alarmantemente alto. Pero es que además la herramienta informática con la que el Ministerio de Hacienda quiere supervisar el estado real de cada proyecto asignado por las diecisiete comunidades autónomas ha fallado. Bruselas se quedará de momento sin la información requerida a España, y Hacienda tardará al menos otro semestre en dar cuenta.
Todo supura demasiada improvisación, demasiada incertidumbre y demasiada inestabilidad. Imprevisión y chapuza a partes iguales.
La cumbre de la OTAN ha reforzado mucho la imagen exterior de España, pero eso no puede ocultar que duplicar la inversión en Defensa es una exigencia de la alianza y una necesidad
ES indiscutible que la organización de la Cumbre de la OTAN en Madrid ha sido un éxito absoluto. Todo lo que tenía salir bien ha salido bien. La capital de España ha acogido con paciencia y con absoluta normalidad los cortes de tráfico, las medidas de seguridad y los controles en los accesos. No ha habido problemas de orden público, porque la extrema izquierda ha fracasado en todas y cada de sus convocatorias. La planificación de las autoridades para la movilidad de las delegaciones oficiales ha sido perfecta, y la imagen de España, y de Madrid, se han visto reforzadas en a nivel mundial en aspectos muy ajenos al significado político de la OTAN, pero muy importantes para nuestro país, como la cultura, incluso la gastronomía, y la excelencia en la organización de eventos de tanta responsabilidad.
La hospitalidad española también tiene que ver con los resultados alcanzados por los máximos responsables de la defensa atlántica. Una agenda afable facilita los contactos personales y la interlocución política. No es lo mismo pasearse entre los grandes de la pintura universal, que estar sometido a un frío protocolo administrativo. Evidentemente, esta cumbre venía orientada con buenas predisposiciones de los mandatarios aliados porque Rusia ha forzado una reactivación de la adormecida alianza occidental, a costa, eso sí, de sembrar el terror en Ucrania. Por eso hay un buen saldo de acuerdos y compromisos. La OTAN ha invitado formalmente a Suecia y Finlandia a engrosar sus filas, lo que significa para ambos países el abandono de una neutralidad tradicional, obligados a abandonarla por la amenaza constante y creciente de Rusia. Una amenaza que ayer mismo Moscú agravó con la advertencia de un «refuerzo milimétrico» a la presencia militar en suelos sueco y finlandés. Cada vez que Putin abre la boca, la Alianza Atlántica se hace más necesaria.
También es muy importante la renovación del acuerdo de colaboración entre España y EE.UU. que supondrá la incorporación de dos destructores americanos más a la base de Rota, donde ya hay cuatro. Un refuerzo significativo de la asociación entre ambos países, pero también para la economía local. Y, sin abandonar el escenario español, de esta cumbre sale el compromiso expreso de Pedro Sánchez de elevar al 2% del PIB el presupuesto de Defensa. Realmente este aumento fue convenido por Mariano Rajoy en la Cumbre de Gales, en 2014, y el plazo fijado para alcanzarlo finalizaba en 2024. Sánchez lo ha trasladado a 2029, así que el presidente del Gobierno deja su impronta con un retraso de cinco años. En todo caso, Sánchez lo ha asumido.
Moncloa ha disfrutado la cumbre como una experiencia única en este mandato. Ha tenido la proyección internacional por la que tanto se afana habitualmente; no se ha desgastado con réplicas de la oposición, ni de sus socios; y ha encadenado, uno tras otro, abrazos, sonrisas y apretones de mano con Biden, Macron, Johnson y demás líderes del mundo democrático. Ha sido como jugar en casa sin adversario. Sin embargo, la Cumbre se acabó y ahora le sigue el Gobierno cotidiano de España. Es el momento de que el presidente cumpla sus compromisos y los haga cumplir a sus socios y aliados. Porque, para aprobar la ampliación del acuerdo con Estados Unidos o elevar el presupuesto de defensa al 2 por ciento del PIB, Sánchez va a tener problemas, no con el Partido Popular, sino en el Consejo de Ministros con la extrema izquierda, y en el Parlamento, con sus aliados independentistas y proetarras. Es insólito lo que Sánchez ha conseguido: que su política exterior y de defensa dependa más de la oposición que de su propio Gobierno.
En la mañana del jueves tuvo lugar el primer encontronazo. Tras ver las ruedas de su coche pinchadas acudió a pedirle explicaciones a un viejo amigo, quien vivía en el mismo bloque de viviendas okupadas desde hacía años. Estaba convencido de que el daño había sido obra de su hijo. Discutieron, pero la conversación no llegó a más. Horas después las aguas no estaban calmadas y volvió a recriminarle, en este caso supuestamente con golpes, los hechos a su vecino, que acabó en urgencias. Cuando éste volvía a casa con su mujer y su hijo, en el rellano, le estaba esperando, rifle en mano. Son las 24 horas previas al crimen de Santovenia de Pisuerga (Valladolid) registrado esta madrugada, que narran desde el entorno de la víctima junto al lugar del crimen.
Ni rastro de los allegados del supuesto homicida. Según cuentan, él se encargó de su huida.
No concretan si fue antes o después de disparar a su amigo en el abdomen -más tarde ha herido también con su arma de fuego a un agente de la Guardia Civil con el que estaba negociando- pero el entorno de la víctima asegura que el presunto responsable de su muerte habría hecho salir del pueblo a su mujer y sus hijas más o menos a la hora en la que sucedieron los hechos, poco antes de las dos de la madrugada.
Allegados a la víctima en las inmediaciones del lugar del crimen - ICAL
No estaban con él por tanto en la vivienda en la que se ha atrincherado durante doce horas con un rehén, que al parecer se trataba del novio de una de sus hijas, hasta que a las 14.15 ha decidido entregarse. Desde el interior de la vivienda se han oído gritos a lo largo de la mañana, así como al presunto homicida pedir heroína a los agentes que conforman el equipo negociador, mientras el pueblo era tomado por agentes en metralleta y desde el Ayuntamieno se pedía a los vecinos que no se acercaran al lugar.
En el exterior del bloque, tras el cordón, los vecinos de Santovenia de Pisuerga recibían este viernes con «sorpresa» e «incredulidad» y también con cierta «preocupación» una escena completamente inusual en la tranquila localidad vallisoletana. En torno a la zona acordonada desde la madrugada por la Guardia Civil, algunos curiosos, sobre todo del barrio, en donde no todos conocían a víctima y fallecido. Eso sí, hay quien reconoce que, pese a la «sorpresa, cuando reflexiona, te lo esperas».
La versión de la familia: «No ha sido una reyerta»
La suegra de la víctima, Encarnación Arias, ha explicado a los medios que su hija y la mujer del detenido discutieron el jueves y, esa misma noche, su hija se fue con su marido a tomar un café. Horas después, sobre las 23 horas, la llamó para decirle que tanto a ella, como a su marido, les habían pegado.
Según ha relatado, su hija y su yerno fueron agredidos por el presunto autor del disparo, conocido como «el Chiqui», por su cuñado, los novios de sus dos hijas, su pareja actual y la hermana de su pareja. «Mi hija tiene la cabeza abierta y mi yerno el ojo y se fueron al Clínico», ha explicado. Su nieto mayor, de 27 años, fue quien recogió a su padre del hospital y después ocurrió lo peor: «Abrimos la puerta del tercero -donde viven- y oímos de las risas a un 'pum', y de repente un silencio atronador». Fue ahí cuando se dieron cuenta de que alguien había disparado un arma.
«Abrimos la puerta del tercero, y oímos de las risas a un 'pum', y de repente un silencio atronador»
La mujer ha desmentido la versión de la delegada del Gobierno, que ha atribuido el suceso a una reyerta. «No hay reyerta entre dos familias. Han sido seis y dos, ocho, seis contra dos que tuvieron que ir al Clínico», ha sentenciado Encarnación, quien ha lamentado que su hija, con 45 años, «es viuda» y sus dos nietos, con 27 y 17 años, «sin padre» y ha asegurado que tanto la víctima como el presunto agresor eran amigos desde niños e incluso el presunto autor del disparo fue a la comunión de sus nietos.
La Guardia Civil, durante la intervención en Santovenia - EFE
El suceso se salda con una víctima mortal, un detenido y un teniente coronel de la Guardia Civil herido; el detenido, que se atrincheró durante horas, le disparó mientras trataba de mediar con él.
La operación salida más cara de la historia con los carburantes por encima de los dos euros el litro
Llenar el depósito de un vehículo con 50 litros de gasóleo cuesta ahora 43 euros más tras subir los precios un 60% en el último año
La primera gran operación salida de vacaciones que arranca este viernes 1 de julio es la más cara de nuestra historia, ya que los carburantes se encuentran en máximos y, de media, por encima de los dos euros el litro.
Esta semana, el precio medio de la gasolina es de 2,129 euros el litro, según el boletín petrolero de la UE, y el del gasóleo de 2,1 euros. Esto supone un incremento respecto a la misma fecha del año pasado del 54% en el caso de la gasolina y del 68% en el del gasóleo.
En la práctica, llenar el depósito de un vehículo con 50 litros de gasolina conlleva un desembolso superior a los 105 euros, es decir, 37 euros más que hace un año.
En el caso del gasóleo, el consumidor también tendrá que pagar más de 100 euros, unos 43 euros más que el 1 de julio de 2021.
Con la bonificación de 20 céntimos por litro aprobada por el Gobierno en abril y prorrogada hasta final de año, los conductores se ahorrarán unos 10 euros cada vez que reposten. Ese ahorro puede ser un poco mayor si utilizan alguna de la distintas tarjetas de fidelización que tienen varias petroleras.
Veinticinco años de la liberación de Ortega Lara: el milagro de la luz tras 532 días de tortura
Hoy hace 25 años que comenzó en Mondragón la operación para liberar al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, rescatado finalmente la madrugada del 2 de julio de 1997. Fue el secuestro más largo de la banda: 532 días
«Durante mi cautiverio pensé muchas veces en que la Guardia Civil estaría investigando, pero perdí la esperanza con el paso de los días. Llegó un momento en que perdí también las ganas de vivir y decidí dejar de hacerlo. Hice un primer intento cortándome las venas con el metal, previamente lijado, de los auriculares, y quedé desmayado momentáneamente con sangre a mi alrededor; pero acabé despertando, y limpié la sangre diciendo a mis carceleros que había sangrado de la nariz. Un escenario lleno de sangre no me pareció la mejor manera de morir y opté por ahorcarme con una cuerda de plástico que había conseguido tejer. Tenía ya fecha, pero la liberación por parte de los guardias civiles me devolvió a la vida».
Quien escribe estas líneas –el testimonio completo se puede leer en el libro 'Historia de un desafío', escrito por el coronel Manuel Sánchez Corbí y la cabo primero Manuela Simón– es José Antonio Ortega Lara, la víctima del secuestro más largo y cruel de la historia de la banda terrorista ETA y que fue liberado por agentes del Instituto Armado tras 532 días de cautiverio, hace 25 años.
Pero si cruel fue el secuestro, no lo fue menos el titular con el que el diario proetarra 'Egin' daba cuenta de la noticia. «Ortega vuelve a la cárcel», escribieron en portada. Los presuntos periodistas nunca pidieron perdón a la víctima por aquella infamia, lo mismo que tampoco lo hicieron los autores materiales de la salvajada: José Luis Erostegui Bidaguren, excarcelado en marzo de 2020; José Miguel Gaztelu Ochandorena, que quedó en libertad en octubre de 2017; Javier Ugarte Villar, libre desde julio de 2019 y el aún más siniestro Josu Uribetxeberria Bolinaga, fallecido en 2015 y en la calle desde dos años antes por razones humanitarias; justo las que nunca concedieron al funcionario de prisiones.
Pocas horas después de llegar a su casa, Ortega Lara salía a saludar a la multitud desde su balcón. Le acompañaba su mujer y su hijo - Félix Ordóñez
Un agujero de tres metros
El secuestro había comenzado el 17 de enero de 1996, cuando un comando de ETA lo abordó en el garaje de su vivienda de Burgos, lo metieron a la fuerza en el maletero de un coche y lo llevaron hasta una nave industrial a las afueras de Mondragón, en Guipúzcoa. En el sótano de aquel lugar, muy húmedo al estar junto al río Deva, los terroristas habían construido una «cárcel del pueblo» –así llamaban a un agujero tres metros de largo, 2,5 de ancho y 1,8 de altura– que ya antes había acogido a otra víctima: Julio Iglesias Zamora.
En aquel terrible lugar permaneció Ortega Lara durante año y medio, aislado del mundo, con la única conversación que le daban sus verdugos y un periódico como exclusivo contacto con el exterior... El interior del zulo –una réplica exacta se puede visitar en el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, en Vitoria– estaba revestido de madera. Los secuestradores le daban cada día dos cubos, uno para lavarse y otro para hacer sus necesidades.
El zulo donde permaneció José Ortega Lara secuestrado. - EFECuatro etarras fueron juzgados por el secuestro: José Miguel Gaztelu, José Luis Erostegui, Jesús María Bolinaga y Javier Ugarte (en la imagen, de izq. a dcha.) - EFE
«Me pidieron que firmara varios documentos; al principio lo hice en dos ocasiones, arremetían contra el gobierno del PP y contra mis compañeros de instituciones penitenciarias, pero luego ya me negué, aunque me presentaron varios más», escribe Ortega Lara en el citado libro de Corbí y Simón. «También me hicieron dos grabaciones en vídeo. Como yo no me dejaba entraban dos, me ponían los grilletes y me obligaban a posar después de preparar todo el escenario. Me decían que cuando saliera no contara nada a la Policía; yo les decía que sí lo haría, me replicaban aludiendo a que no les debía nada, pero yo les respondía que a ellos no, que me lo debía a mí», añade, para remachar: «De los captores siempre había uno que hacía de bueno. Cuando me veían fastidiado no se ensañaban conmigo, ahora bien, cuando discutíamos eran crueles, malos, muy malos. Solo los reconozco por la voz, siempre estuvieron encapuchados delante de mí».
Desde el primer momento del secuestro el Gobierno y las Fuerzas de Seguridad sabían que la única posibilidad que tenía Ortega Lara de recuperar la libertad era con una operación policial. ETA había exigido concesiones en materia penitenciaria y José María Aznar no estaba dispuesto a ceder al chantaje de los terroristas. Por ello, la presión para los investigadores era brutal; eran muy conscientes de que de su trabajo dependía la vida de la víctima.
Cualquier error significaba la muerte para Ortega Lara, porque si los etarras sentían cerca la presión de la Guardia Civil huirían, por supuesto sin revelar dónde estaba su rehén. La zona en la que se centró la búsqueda, en la Guipúzcoa más afín a la banda y donde cualquier desconocido era mirado con recelo, tampoco era fácil de trabajar para los investigadores.
Hasta llegar a Mondragón había sido necesario hacer un trabajo inmenso, con análisis de miles de documentos, seguimientos, vigilancias, pistas que no llevaban a ningún lado... Los medios técnicos de entonces, además, eran mucho más limitados, por lo que la investigación era casi artesanal.
Detención en Francia
El primer avance significativo se produjo con la detención en Francia de Juan Luis Aguirre Lete, 'Inzuntza', jefe del aparato logístico de ETA. En una libreta había escrito '5k BOL. Ortega'. En julio, tras el arresto de otro terrorista, Daniel Derguy, se encontró otra anotación en la que se hablaba de una cita con el tal BOL. Los agentes del servicio de Información de Intxaurrondo estaban convencidos de que aquello estaba relacionado con el secuestro, pero no tenían más datos que apoyaran esa teoría.
Aquellas tres letras, BOL, podía ser una abreviatura del nombre de un etarra, un pueblo o un lugar concreto, así que hubo que volver a analizar miles de documentos para tratar de encontrar un sentido a aquello. Tras semanas de búsqueda se dio con un nombre, Josu Uribetxeberria Bolinaga, simpatizante de la izquierda abertzale de Mondragón. Era una buena posibilidad, porque además el sujeto respondía al perfil de los secuestradores que había elaborado la Guardia Civil: veterano, con actividad legal, que llevara una vida discreta...
Por supuesto, a partir de ese momento se controló cada uno de sus movimientos. Llamaba la atención que visitara una nave industrial, pero por lo demás los primeros días de seguimiento no dieron resultado alguno. Todo cambió un día cuando le vieron comprar unas cantidades anormales de pan y leche, más de lo que podía consumir una familia. Y las sospechas se confirmaron al comprobar que algunas noches dormía en la nave industrial, que además estaba junto a un río, como otros zulos descubiertos antes. Paralamente se detectó a los que parecían sus compañeros de comando.
El lazo azul simbolizaba el deseo de que Ortega Lara fuera puesto en libertad. En la imagen, su retirada del Ayuntamiento de Burgos - EFE
Doscientos guardias civiles
El 1 de julio, hace hoy 25 años, fue el día elegido para hacer la operación. Doscientos guardias civiles permanecían ocultos en una zona boscosa próxima a Mondragón. Cuando ya estaban preparados para actuar se conoció que ETA había liberado a un secuestrado... Hasta que se aclaró que se trataba de Cosme Delclaux, cautivo durante 232 días, se dudó de que la investigación hubiese sido correcta. A las cuatro de la madrugada del 2 de julio comenzaron las detenciones y a Bolinaga se le trasladó hasta la nave industrial.
Aquel individuo no colaboró; es más, el entonces juez Baltasar Garzón, pasadas unas horas, dio por cerrado el operativo ante la falta de resultados. La insistencia en seguir buscando de la Guardia Civil, muy particularmente del entonces capitán Manuel Sánchez Corbí, dio finalmente sus frutos. Fue al mover una maquinaria cuando se detectó el agujero que daba acceso al zulo. Bolinaga, que hubiese dejado que Ortega Lara muriera allí sin tener remordimiento alguno, quedó demudado. ETA había perdido y su camino hasta la derrota era ya inexorable.
«Me influyó mucho el ser creyente –relata la víctima en la obra mencionada–; no era fácil quitarse la vida siéndolo, pero cuando ya estaba muy mal, con un gran sentimiento de culpa, tenía claro que aquello se acababa. Todo fue muy rápido cuando me sacaron. Recuerdo perfectamente que me introdujeron en una ambulancia, con una ventana lateral con cristal traslúcido al que no quitaba la vista de encima, miraba allí de manera fija. En el vehículo me acompañaban dos personas con bata blanca y un guardia civil (el comandante Julio), que me dijo: «¿Por qué miras tanto para allá?». Le contesté: «Estoy mirando la luz, esto para mí es un milagro, la luz»...
Estos son los síntomas de las nuevas variantes del coronavirus que están disparando los contagios en España
En muchas comunidades se han convertido en variantes predominantes con más del 70% de los casos asociados
Las nuevas variantes BA.4 y BA.5 son las causantes de muchos de los ingresos hospitalarios que se están produciendo en las últimas semanas en nuestro país. Aunque no parece que sean produzcan síntomas más graves que Ómicron, sí son más contagiosas, según las autoridades.
En algunas comunidades como Cataluña, Canarias o Castilla-La Mancha, estas son las variantes predominantes y suponen ya más del 70% de los casos, y aunque comparte sintomatología con su matriz, tiene algunas diferencias.
En la misma línea que ómicron, los contagiados con estas subvariantes suelen desarrollar síntomas leves o incluso cuadros asintomáticos, sobre todo en el caso de los vacunados. Los síntomas más frecuentes detectados hasta la fecha son dolor de garganta, congestión nasal, tos seca y dolor muscular, similar a ómicron.
Algunos de los síntomas que la distinguen, según el Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles de Sudáfrica, es la diarrea, que se presenta de forma más común que en otras variantes; es más frecuente que se produzca dolor de garganta y el tiempo de incubación en más corto.
Además, según un estudio publicado en la revista médica alemana 'Ärztezeitung', dos síntomas asociado a estas subvariantes son los síncopes o mareos que pueden incluso acabar en desmayo.
Incidencia media por encima de los 800 casos
Más allá de los nuevos síntomas, lo que preocupa a las autoridades es la propagación de estas variantes, que están multiplicando los casos positivos de coronavirus aumentando la incidencia en muchas comunidades en más de 1.500 casos por cada 100.000 habitantes en mayores de 60 años, que es la cifra que se publica en la actualidad.
La incidencia media en España supera los 840 casos y los hospitales están volviendo a incrementar su ocupación, así como las UCI, lo que hace extremar las precauciones de cara a una posible séptima ola en plenas vacaciones de verano y con varios eventos multitudinarios en agena.