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sábado, 8 de agosto de 2026

EL PLAN DE TRUMP PARA HISPANOAMERICA .

 

El plan de Trump para Hispanoamérica

Los actuales aliados de Washington ya no son dictaduras militares, sino regímenes democráticos

El presidente estadounidense, Donald Trump, está remodelando a conciencia las relaciones de su país con Hispanoamérica para demostrar que su concepto de seguridad nacional va a ser el cimiento de una nueva etapa de la política exterior de Estados Unidos. El pasado marzo, la Casa Blanca fue el escenario de un encuentro con diversos gobiernos hispanoamericanos y del Caribe, bajo el lema nada equívoco de ‘Escudo de las Américas’, que puso en marcha la nueva estrategia de seguridad de Estados Unidos, con medidas políticas y militares. Estas últimas ya han tomado cuerpo en un nuevo plan de colaboración con gobiernos del centro y sur de América, la mayoría afines a Trump y otros, como el de México, claramente alejados del trumpismo. Se trata de una reforma del Mando Sur del Ejército de Estados Unidos con la que el presidente republicano quiere crear nuevas capacidades militares, mediante el aumento de la cooperación de Inteligencia y, fundamentalmente, el despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno. El objetivo anunciado será la lucha contra el narcotráfico y las organizaciones criminales que Washington considere amenazas para Estados Unidos. Hasta el momento, las principales operaciones contra el narcotráfico en países como México o Colombia evitaban la intervención de tropas estadounidenses en sus territorios, aunque contaran con su apoyo logístico y de Inteligencia, incluso aéreo, o para la formación de sus propias tropas. Trump no dudó en soslayar esas limitaciones y decidió unilateralmente atacar en el Pacífico y el Caribe –la operación llamada Lanza del Sur– los barcos o lanchas que sus servicios de Inteligencia consideraban narcotraficantes.

Esta nueva fase de cooperación militar y defensa anticipada de la seguridad de Estados Unidos en los propios países donde pueden operar organizaciones criminales responde no solo a la mayor agresividad militar que está demostrando Donald Trump como un elemento más de su política de presiones a otros gobiernos, sino al giro conservador que Hispanoamérica está experimentando en las elecciones presidenciales de los últimos años. Desde el chileno Kast, al colombiano De la Espriella, el continente ha tomado un dirección ideológica homogénea, con las excepciones importantes de México y Brasil. El republicano nunca ha ocultado cuál era su candidato preferido en cada uno de estos procesos electorales, de los que han resultado en muchos casos la victoria de candidatos, que, precisamente, hacían bandera electoral de su trumpismo.

Los actuales aliados de Washington ya no son dictaduras militares, sino regímenes democráticos

La legitimidad de los objetivos pactados con cada gobierno no debería, en ningún caso, de justificar intromisiones de Estados Unidos en otros aspectos de la vida política interna de los países colaboradores, especialmente aquellos en los que esté en juego las libertades democráticas, la actividad de los partidos de la oposición y el respeto a los derechos fundamentales de los ciudadanos. Este pasado de Iberoamérica debe quedar sepultado para siempre. A diferencia de lo que sucedía en las últimas décadas del siglo XX, los actuales aliados de Washington ya no son dictaduras militares, sino regímenes democráticos. Paradójicamente, la única dictadura paramilitar de izquierdas que se ha asociado –a la fuerza, claramente– es la venezolana. Un auténtico requiebro en la historia de Estados Unidos con lo que despectivamente se ha calificado por su doctrina diplomática como el «patio trasero».

Gran parte del éxito de este nuevo plan de Trump dependerá del cambio político que se ha producido en Colombia a raíz de la victoria en las elecciones presidenciales de un candidato ultraconservador como Abelardo de la Espriella, sin experiencia política previa y con un programa de confrontación directa con la izquierda y la violencia organizada. El mal perder de su predecesor, el extravagante Gustavo Petro, hace que el país mantenga un ambiente de inestabilidad por acusaciones no probadas de fraude electoral. Colombia es un gran protagonista de la política regional, pero sigue siendo un país de cultivo y exportación a gran escala de cocaína y está sufriendo un repunte de violencia a pesar de los acuerdos de paz. Será, sin duda, un escenario prioritario de la colaboración entre Trump y De la Espriella, quien ayer tomó posesión, con la presencia insustituible de Felipe VI.

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