Hay quien sostiene que la mayor fortaleza política de Pedro Sánchez no son sus aciertos, ninguno que beneficie al pueblo, sino su extraordinaria capacidad para sobrevivir a cualquier crisis. Es como si gobernara bajo una sola máxima: cuanto peor, mejor. Cuando una polémica empieza a desgastarle, otra noticia ocupa inmediatamente el primer plano. Antes de que la sociedad pueda analizar una decisión, exigir responsabilidades o sacar conclusiones, la actualidad ya ha cambiado de tema.
Durante su mandato se han sucedido acontecimientos de enorme impacto: la pandemia, la erupción del volcán de La Palma, la guerra de Ucrania, la crisis energética, la inflación, las inundaciones, los incendios, la guerra de Gaza, la crisis migratoria, las cesiones al independentismo, los indultos, la ley de amnistía, los pactos con Bildu y otros socios parlamentarios, la polémica de la ley del "solo sí es sí", los debates sobre las políticas de igualdad y violencia de género, la vivienda, el deterioro de la sanidad, el aumento del coste de la cesta de la compra y del combustible, así como diversas investigaciones y controversias que han afectado a personas de su entorno político y familiar.
Muchas de estas situaciones son de naturaleza muy distinta y no todas dependen del Gobierno. Sin embargo, la sensación que perciben muchos ciudadanos es la misma: nunca hay tiempo para que una cuestión llegue hasta el final porque siempre aparece otra que desplaza el foco.
No se trata de decir que Pedro Sánchez provoque cada crisis. La crítica es otra: que ha demostrado una gran habilidad para convertir cualquier circunstancia en una oportunidad política. Cada nuevo acontecimiento reduce la presión sobre el anterior y mantiene al país en un debate permanente, donde la urgencia sustituye a la reflexión y el siguiente titular acaba enterrando al anterior.
Cuando la actualidad es una sucesión constante de escándalos, controversias, tragedias y conflictos, la indignación acaba perdiendo fuerza. El ciudadano pasa de un asunto a otro sin que apenas haya tiempo para exigir explicaciones, evaluar decisiones o depurar responsabilidades. La saturación termina favoreciendo a quien mejor sabe moverse en medio del ruido.
Esa es, para muchos de sus críticos, la verdadera explicación de la resistencia política de Pedro Sánchez. No que desaparezcan los problemas, sino que ninguno permanezca el tiempo suficiente en el centro del debate. En política, el olvido puede ser tan valioso como una victoria, y una actualidad dominada por el ruido permanente puede convertirse en el mejor escudo de quien ocupa el poder.
Y ahí reside, quizá, su mayor habilidad política. No necesita que los problemas desaparezcan; le basta con que se amontonen. La corrupción tapa el coste de la vida; el coste de la vida tapa la vivienda; la vivienda tapa la inmigración; la inmigración tapa la sanidad; una tragedia tapa a la anterior y un conflicto sustituye al precedente. Cuando el caos es permanente, nadie mira el truco. Ese es el oficio del buen trilero: no hacer desaparecer la bola, sino conseguir que nadie sepa nunca dónde dejó de estar.
Nota: Es un cúmulo de ideas que quizá resulte excesivo para el lector y también para ustedes. Si lo consideran oportuno, no duden en descartar lo que estimen conveniente.
Un cordial saludo.
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