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martes, 3 de noviembre de 2026

¿VALE TAMPOCO LA VIDA DE LOS DEMÁS?

 Una vez, y gracias a la canción "Suzanne", de Leonard Cohen, aprendí que "Jesús era marinero cuando caminó sobre el agua". Y los años me han enseñado que el cuerpo de Cristo se quebranta una y otra vez, y la sangre de los inocentes se derrama perpetuamente.

Siempre me emociona el momento en el que suena la campanilla en la Consagración y el sacerdote dice: "Hoc est enim corpus meum" (Porque este es mi cuerpo), lo que significa que el pan se ha convertido en el cuerpo de Cristo.

Desearía que tú también lo hayas sentido.

El señor Puente, ministro de Transportes, con la amabilidad y empatía que le caracterizan, después de 69 fallecidos (provisionales), ha declarado: "La fatalidad existe y hay que aceptarla". Manda huevos.

No quiero tener que arrepentirme por hacer algún comentario inapropiado, pero alguien, o algún grupo, debería acabar con este esperpento y asumir la responsabilidad de inmediato.

Lo que nos han robado, de lo que realmente se han apropiado, son las vidas de decenas de niños huérfanos, decenas de mujeres y hombres viudos. Vidas como la tuya y la mía. Vidas con planes, esperanzas y sueños. Vidas con risas, dolor y tristeza. Vidas que nunca se vivieron plenamente.

Ayer terminé de leer el libro "Vida después de la vida", del doctor Sans Segarra. Todavía estoy impresionado. Hubo un tiempo en que lo único que tenía que recordar era el ayer, tal vez. Luego, con el paso de los años, el ayer se convirtió en el misterio que me mantiene mirando hacia atrás y hacia adelante, tratando de recordar y tratando de olvidar, recordando con veracidad y falsedad, mientras me pregunto hoy por lo que vendrá, quizás, mañana.

Los fantasmas del otoño y de Halloween regresan una y otra vez para recordarnos lo que quizás hayamos olvidado o que no queramos ver. Nos persiguen fantasmas. Es inquietante.

Todos desaparecen tarde o temprano. Se van. Y a menudo son olvidados. Pero eso no significa que nos olviden mientras vivimos. ¿Alguna vez has sentido que acechan en las sombras a nuestro alrededor, instándonos a contar sus historias? ¿A recordar y a sentir nostalgia por el futuro, el suyo y el nuestro?

Advirtió el filósofo Kierkegaard hace mucho tiempo: "¿Acaso no sabéis que llega la medianoche, la hora en que todos debemos quitarnos la máscara? ¿Creéis que la vida siempre se dejará ridiculizar? ¿Pensáis que podéis escabulliros un poco antes de medianoche para evitarlo? ¿O es que no os aterra?".

Parafraseando al notable compositor Kris Kristofferson, no solo los personajes legendarios, sino todos nosotros somos contradicciones andantes, en parte verdad y en parte ficción.

Dejemos de fingir. En cierta etapa de la vida, las máscaras son mentiras. No es difícil de explicar.

Saludos cordiales.

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