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lunes, 2 de noviembre de 2026

CRISTINA CUERVAS,SUPERVIVIENTE DEL AVE:"MI OBSECION ERA SALIR;DECIA:"COMO VENGA OTRO TREN NOS LLEVA POR DELANTE"

 

Cristina Cuervas, superviviente del AVE: «Mi obsesión era salir; decía: 'como venga otro tren nos lleva por delante'»

Viajaba en el vagón 2 cuando llegó el impacto. No fue consciente de lo sucedido hasta salir y encontrarse los restos del Iryo.

Cristina Cuervas estaba en el asiento 3A del vagón número dos del AVE cuando llegó el impacto. «Salí despedida, yo volé», recuerda en conversación con ABC pasados unos días y ya desde su casa, donde guarda reposo de un latigazo cervical que llegó por la colisión a casi 200 kilómetros por hora y diversos golpes que recibió cuando, al rodar por el suelo, fueron cayendo maletas sobre ella. Se sabe afortunada tras conocer el balance de la segunda tragedia ferroviaria que vive la línea Madrid-Andalucía en nueve meses, que deja al menos 69 muertos, pero está también «molesta y enfadada» porque haya que llorar otro desastre tras Adamuz. En lo que va de año 115 personas han perdido la vida en las vías del tren y ella ya no se ve capaz de volver a subirse a otro.

«Ni de broma. Además que lo digo abiertamente: no animo a nadie a que se monte en tren, por lo menos en España», asegura. Está demasiado reciente la secuencia de terror del pasado miércoles, que arranca con el primer frenazo, el que activó al maquinista del AVE al ver a pocos kilómetros un Iryo detenido al que se dirigía sin remedio y a toda velocidad. «Fue como cuando frena un coche, pero al medio segundo ya salí despedida», recuerda.

Cuervas, responsable de relaciones institucionales de la ingeniería sevillana Ghenova, se dirigía a Sevilla para participar en el acto del Día de la Empresa que organizaba la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) con su hermano y CEO de la compañía, Francisco Cuervas. Él alcanzó a levantarla tras los varios segundos de miedo que transcurrieron hasta que el tren se detuvo completamente: «Me iban cayendo cosas, el vagón se iba moviendo. Pensé 'hasta aquí hemos llegado'». Al levantarse, Cuervas vio a la azafata que atendía a los pasajeros antes de la colisión con las manos rotas y un hombro dislocado; al final del vagón, donde por suerte no llegó, se amontaban personas que habían caído unas sobre otras por la violencia del impacto. Una chica tenía la mandíbula rota. Su hermano, una herida en la pierna.

«Mi obsesión era que teníamos que salir de allí, porque decía: 'Dios, que viene otro vagón.Es que como venga otro tren nos lleva por delante'. O que incluso podía explotar. Decía: 'Hay que salir del vagón lo antes posible'». Haber sabido días después que otro tren se dirigía hacia ellos, pero pudo parar a pocos metros le trae una inesperada confirmación: aquella urgencia en medio del shock no era descabellada. «Lo que pensé podía haber pasado», reflexiona.

«Me conmueve la respuesta del pueblo»

Ni ella ni ningún pasajero de su vagón fueron conscientes de lo que había pasado hasta que salieron y vieron la vía del tren que atravesaba otro de los vagones del AVE y, más allá, los restos del Iryo arrollado. No se acercó. Vieron apenas a dos guardias civiles y un policía local, «jovencísimos» y con el rostro desencajado que les indicaron que se situaran al margen de las vías y les avisaron de la extrema gravedad de los heridos en la zona del impacto. Alcanzó incluso a ver a uno de los pasajeros con un brazo amputado.

«Entonces me di cuenta de lo que estaba pasando», relata. Cuervas alertó por teléfono para que vinieran más efectivos y a los pocos minutos comenzaron a llegar, «como si fuera una parada de taxis» coches desde Urda. Ella y su hermano fueron trasladados así al pabellón del pueblo, donde él recibió la primera cura y ella pudo hablar con su marido, que les recogió a ellos y a Fernando Seco, vicepresidente de Cesur y pasajero del mismo AVE. Todos regresaron a Sevilla en el mismo coche y al día siguiente ella se sometió a revisión médica.

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