Si analizáramos el rendimiento de cualquier trabajador productivo en relación con su sueldo, nos daríamos cuenta de muchas cosas. Hay negocios que no dan beneficios, ni pueden darlos en la misma medida que otros. ¿Cuántos negocios cierran por esta razón?
Ahí está la clave. Nos están llevando hacia los sectores terciarios, cuando la base de la economía está en la industria y en los sectores primarios, que son los que hacen funcionar al resto. Pronto, parece que solo podremos ser políticos o trabajadores de servicios.
Tenemos gobiernos nefastos y ayuntamientos que, por poner farolas y luces de Navidad, se creen dueños del cortijo y piensan que lo están haciendo bien. ¿Por qué no invertir en I+D+i, en obra pública, en viviendas protegidas y en facilitar la creación de empresas y de industria?
Esa apuesta por el turismo llena las arcas del Estado, pero deja tras de sí un reguero de pobreza y precariedad cada vez mayor. Los extranjeros, en un país tan goloso para vivir y veranear como España, si se les permite, como está ocurriendo desde hace años, al disponer de un mayor poder económico que los de aquí, compran y alquilan viviendas y suelo, impidiendo a muchos ciudadanos españoles competir en igualdad de condiciones. Todo se encarece y, después, para servirles como camareros a cambio de sueldos precarios y de propina, dejamos entrar inmigrantes a tutiplén, mientras nuestros hijos, aun habiendo estudiado, tienen que marcharse a otro país si quieren progresar o quedarse aquí en empleos de bajo valor añadido. Si a esto añadimos el encarecimiento de la vida, el turismo acaba dando dinero a unos pocos y pobreza a casi todos.
Pero nada, después resulta que la culpa es de las pensiones, que son más altas que unos salarios incapaces de sostenerlas. Eso sí, esos mismos salarios parecen sostener a demasiados políticos, que se reparten corrupción, chiringuitos, sueldos, cargos, casoplones y áticos con el dinero de toda esa pobreza que contribuyen a crear.
Sí, suben las pensiones y los salarios un 4,7%, pero después la vida se encarece un 25%. ¿No debería darnos vergüenza aceptar que nos empobrezcan de esa manera?
Se abandonan el campo y la industria porque ensucian; se cuestionan las energías por lo mismo, y se penalizan los coches diésel por idénticas razones. Mientras tanto, todo multiplica el precio.
¿De verdad se estudia economía para llegar a esto? Todos parecen seguir el mismo patrón: las cuentas de la lechera y una dependencia total de los gobiernos y del exterior.
Después los vemos discutir sobre si las pensiones se pueden sostener. Con ustedes, lo único que parece sostenible es esa igualdad de la que tanto hablaban: que todos seamos pobres, menos ustedes.
Suben el salario mínimo, cuando nadie debería cobrar un salario mínimo por sistema, sino el que le corresponda según su convenio colectivo, como se hacía antes. Ahora, los sindicatos parecen una prolongación del Gobierno, que los financia mientras ellos se dedican a sestear. Los sindicatos deberían ser una pieza fundamental de nuestro sistema democrático, a la altura de los partidos políticos y de los empresarios, sosteniéndose mediante las cuotas de sus afiliados y un sistema de financiación que no dependa del Gobierno de turno.
Poco nos pasa. Ya hasta bailan en los mítines y en los comités.
Es de vergüenza. Eso ya lo vimos en Venezuela con Maduro, que también amaba y besaba a su mujer. Hoy, los dos están en prisión.
¿Saben lo peor de esta realidad? Que todo irá a peor.
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