Observando la situación actual de Inglaterra, no hace falta ser una naturalista como Jane Goodall, fallecida el año pasado, ni David Attenborough, que acaba de cumplir los 100 años, para comprender el conflicto social, casi primitivo, que se vive en la sociedad.
A la vuelta de la esquina, en nuestro país, España, estaremos viviendo problemas sociales nunca vistos antes, como ya está ocurriendo en ese país con las llamadas "flash mobs" de "jóvenes salvajes" y los robos a plena luz del día.
Las autoridades de toda Inglaterra han empezado a colocar carteles que prohíben defecar en la vía pública en todo tipo de lugares, señal evidente de que todo tipo de lugares en la vía pública es un "defecadero".
Obviamente en nuestro país no existe ningún grado de impunidad para los que delinquen o trafican drogas, gracias al esmero y diligencia de nuestros agentes de la Policía y Guardia Civil.
Contra la diligencia, la pasividad, y de la pasividad, al ministro Marlaska, imposibilitando que el Gobierno reconozca por ley como "profesión de riesgo" la actividad de sus policías, bloqueada recientemente ¡por 71.ª vez!, mientras seguimos asistiendo -no todos-, a funerales por agentes caídos en acto de servicio (nótese el contrasentido).
Consideremos la alternativa. La alternativa es que ya los niños anden sueltos por las calles en pandillas sin supervisión de la autoridad, con jóvenes delincuentes carismáticos como modelos a seguir (agresores impunes de ancianos para compartir los videos en redes), y la progresión a gánster como su único camino hacia el prestigio. Los modelos de gánster son el rapero gánster, el gánster político y el simple extorsionador.
Los malhechores que planean sus crímenes meticulosamente -como hacen los políticos de alto nivel- obviamente saldrán sin castigo de la gran mayoría de sus fechorías (hay ejemplos por doquier), incluso antes de considerar la probabilidad de que hayan corrompido a políticos, jueces y medios de comunicación.
Fuera de la propaganda de nuestros políticos, y a su pesar, es evidente que cada generación hereda un conjunto más limitado de posibilidades. Los baby boomers soñaron a lo grande. La generación X buscó seguridad. Los millennials se adaptaron a las limitaciones. La generación Z sueña con no quedarse sin hogar.
Me cuesta creer que toda la decadencia en nuestra sociedad se deba simplemente a errores inocentes de quienes estaban, y están, al mando. Me cuesta especialmente creer que el estado de cosas generado no sea intencionado.
España no se va a derrumbar mañana, pero sí parece que nos estemos adaptando a un declive controlado, en un proceso lento e irreversible.
¿Tenemos futuro?
La esperanza es lo último que se pierde, pero es difícil conservarla si el Destino ha permitido que compatriotas nuestros tengan que vivir en una sociedad sin protección policial, bajo una caja de cartón o en una choza, rodeados de inmundicia, enfermos mentales y delincuentes.
La masacre de Puerto Hurraco figura para siempre en la historia de nuestro país como un suceso alucinante, acojonante, esotérico y maligno. Hoy, gracias a nuestro "esfuerzo", ya hemos conseguido que haya casos "Puerto Hurraco" permanentes, que solo duran un día en la memoria colectiva.
¿Tenemos futuro?
Saludos cordiales.
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