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jueves, 3 de septiembre de 2026

CEUTA NO ES EL PROBLEMA: ES LA ADVERTENCIA..

 Hay algo que este Gobierno debería explicar, y debería hacerlo sin cambiar de relato cada vez que los hechos contradicen su versión.

Hasta ayer, el Gobierno de Pedro Sánchez y sus aliados sostenían que Marruecos era un «aliado fiable» y que España no había recibido ninguna información sobre una invasión de semejante magnitud. Mientras tanto, señalaban a Rusia, a Israel y a los supuestos bulos como responsables de alimentar el miedo y la confusión.

Ahora el relato cambia.

Y pretenden que los españoles aceptemos otra versión que permita justificar lo injustificable: la irresponsabilidad de un Gobierno que lleva años sin afrontar con firmeza el problema de la inmigración irregular y la defensa de nuestras fronteras.

Porque Ceuta no es un episodio aislado. Es una advertencia.

Llevamos años asistiendo a un goteo constante de entradas irregulares que, lejos de frenarse, corre el riesgo de convertirse en un efecto llamada cada vez mayor. Y hay una cuestión elemental que nadie puede esquivar: si permitir la entrada irregular genera un efecto llamada, regularizar posteriormente a quienes han entrado de esa manera puede multiplicarlo por miles.

Lo ocurrido en Ceuta puede acabar pareciendo pequeño comparado con lo que todavía puede venir.

Por eso las preguntas son inevitables: ¿a qué viene tanta defensa de Marruecos? ¿Qué debe Pedro Sánchez a Rabat para proteger la imagen de Marruecos incluso cuando determinados hechos dejan en evidencia al propio Gobierno español?

Menos excusas. Menos propaganda. Más explicaciones.

Y que recojan cable todos los activistas de este Gobierno, porque nos jugamos mucho.

España no puede asumir la responsabilidad de resolver por sí sola la miseria y la pobreza de todo un continente mientras descuida las necesidades, la seguridad y el bienestar de sus propios ciudadanos. España no puede convertirse en el país de África mientras deja de ser el país de los españoles.

Esto no significa abandonar a nadie. Significa que un Estado tiene la obligación primordial de proteger sus fronteras, garantizar la seguridad de sus ciudadanos y decidir, con arreglo a sus leyes, quién entra en su territorio y en qué condiciones.

Y Europa tampoco puede seguir mirando hacia otro lado.

Ceuta es frontera española, pero también es frontera europea. Lo que sucede allí no afecta únicamente a España. Afecta a toda la Unión Europea. Europa no puede exigir solidaridad cuando conviene y abandonar a un Estado miembro cuando llega la hora de defender sus fronteras.

Y mientras tanto, Pedro Sánchez nos ha alejado de quienes deberían ser nuestros aliados para acercarnos a quienes, dentro y fuera de España, no siempre defienden nuestros intereses.

Pero hay una cuestión todavía más grave.

Si finalmente se demuestra que el Gobierno de Sánchez recibió avisos de una operación de semejante magnitud y, pese a ello, no actuó como debía, no estaríamos ante un simple error político. Estaríamos ante unos hechos de una gravedad extraordinaria que deberían ser investigados hasta sus últimas consecuencias y que, si así lo determina la Justicia, tendrían que llevar aparejadas las responsabilidades políticas y penales correspondientes.

Nadie está por encima de la ley. Tampoco un Gobierno.

Y a Europa hay que hacerle una pregunta muy sencilla: ¿a qué espera para actuar?

Si los informes del CENIF a los que se está haciendo referencia son ciertos -y si existen indicios suficientes para considerarlos verosímiles-, España y Europa tienen derecho a conocer toda la verdad. Y si hubo advertencias que fueron ignoradas, los ciudadanos tienen derecho a saber quién las recibió, qué hizo con ellas y por qué.

Porque ante una amenaza para nuestras fronteras no sirven los cambios de relato.

No sirven las excusas. No sirve la propaganda. Sirven la verdad, la responsabilidad y la defensa de España.

Ceuta no es el problema. Ceuta es la advertencia.

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