Pedro Sánchez se sabe perdedor de las próximas elecciones, salvo que se lance a un pucherazo -nada extraño teniendo en cuenta sus antecedentes en la materia-, para lo que contaría con Indra, Correos, Telefónica, RTVE y cientos de "fontaneros".
Asumo que el presidente Sánchez me va a hacer llorar, pero mientras tanto me he hartado de reír leyendo el decreto que justifica cómo la regulación masiva de inmigrantes "es consecuencia del cambio climático, la sequía, la desertización y el aumento del nivel del mar, que empuja a los norteafricanos, sobre todo marroquíes y argelinos, a venir a España".
"Los tenemos que acoger porque es una emergencia climática derivada del cambio climático".
Usted, que es un avezado detector de las barrabasadas made in Sánchez, lo tiene claro: El Presidente y su comité de expertos acaban de urdir un plan para que la regulación de dos millones de inmigrantes agradecidos le "garantice" su permanencia en Moncloa, mínimo, cuatro años más.
Otros muchos hemos pensado lo mismo, pero es un bluf, un globo sonda. Los cretinos que defendían que nuestro Presidente era de cerebro plano y mononeuronal, no habían caído en la cuenta de que regulación no quiere decir nacionalidad, por lo tanto esos que se regularizan van a poder votar, como mucho, en unas municipales, pero no en unas elecciones generales. ¿Por qué? Porque no son españoles.
Pero no se precipite celebrándolo. Los que han respirado aliviados se subirán por las paredes cuando detecten que el verdadero plan de Moncloa es de máxima efectividad y continúa en marcha porque el objetivo es garantizarse el voto en las próximas generales.
Hay una ley, ley de Memoria Democrática, que permite que millones de extranjeros que jamás han estado en España (ni siquiera sus padres), que no han vivido aquí, ni trabajan ni han trabajado aquí, ni cotizan ni han cotizado nunca aquí, se conviertan en nacionales españoles -una vez inscritos en el Registro Civil-, y puedan entonces venir a España cuando quieran, traerse, por "reagrupación familiar", a su familia, sin demostrar absolutamente nada y votar en las elecciones generales, porque ya son españoles.
De hecho, a fecha de hoy hay más de un millón de descendientes de españoles que han pedido la nacionalidad, más 1,3 millones que esperan cita. La avalancha de solicitudes al concluir el plazo fijado por la ley de Memoria Democrática atasca la red consular.
Ya saben, según dicha ley, acceden a la nacionalidad española todas las personas nacidas fuera de España, de madre, padre, abuelo o abuela originarios españoles.
En conclusión: Con esta ley de Memoria Democrática se reconfigura el censo electoral en millones de votantes, de manera que esto es un auténtico pucherazo, un golpe al Estado, de manera sibilina, sin necesidad de mayores cuestiones.
Sánchez retuerce y doblega el sistema para intentar salir nuevamente elegido, de una manera que a mi entender es totalmente fraudulenta porque, aunque sea por una ley, se puede ser presidente legalmente, como lo es ahora, y sin embargo ser un presidente ilegítimo, como lo es ahora.
El Estado de bienestar se convierte en estado de malestar porque hay muchísimas personas que no solo no aportan, sino que retraen recursos del sistema..., y no es que lo que está generando rechazo sea que alguien reciba ayuda. Es que la reciba antes que quien lleva años sosteniendo el sistema, no por urgencia, por norma.
No va de ideología, va de percepción de justicia y lógica elemental.
A ver, si es de cajón dar de comer a tu hijo antes que a los hijos del vecino, ¿a quién le va a extrañar que el concepto "prioridad nacional" se haya subido al "hit parade" de los deseos hispanos?
Al final, la cuestión no es si queremos que los españoles que contribuyen, cumplen y sostienen el sistema vayan por delante. La cuestión es si aceptamos que haya situaciones en las que siempre están por detrás.
Parece irreversible. Según la programación predictiva de Netflix, veremos la serie de "Sánchez presidente" al menos un cuatrienio más.
Saludos cordiales.
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