Educación y fallo sistémico
Los resultados que España cosecha en las evaluaciones de PISA no son solo consecuencia de un sistema que margina el esfuerzo, sino el último eslabón de una larga cadena de indolencia
La tasa de suspensos registrada en las últimas oposiciones de profesores de Primaria, con porcentajes que oscilan de una comunidad autónoma a otra y que en algunos casos supera el 60 por ciento, puede explicarse a través del elevado nivel de exigencia de los exámenes o, más simplemente, de la incompetencia de los candidatos, incapaces en muchos casos de escribir correctamente e inhabilitados para un ejercicio profesional que cuando menos exige el conocimiento de la lengua que vehicula la enseñanza. Palabros como 'boy' (por voy), 'acer' (hacer), 'surga' (surja), 'llendo' (yendo) o 'colavoracion' (por colaboración) aparecen en unas pruebas que ponen de manifiesto el calado de los fallos estructurales que sufre nuestro modelo educativo. Los resultados que España cosecha en las evaluaciones de PISA no son solo consecuencia de un sistema que margina el esfuerzo, sino el último eslabón de una larga cadena de indolencia que recorre toda la estructura académica, empezando por quienes tienen, o aspiran a tener, la alta responsabilidad de formar a las nuevas generaciones.
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