LA NUEVA ESPAÑA del sábado 16 de mayo, en su edición impresa, me dio una cierta alegría al leer un amplio artículo firmado por don José Luis Hevia titulado "El IRPF y los pensionistas". Este señor nos explicaba a los lectores el efecto negativo para los pensionistas que representa la machacona negativa del Gobierno a poner al día el IRPF deflactándolo conforme a la inflación de cada año.
En varias ocasiones yo denuncié esta situación en alguna de las muchas cartas que este periódico me publica, y en más de una ocasión tuve que soportar críticas de ciertos iluminados que sostienen que pedir deflactar el IRPF es pedir bajada de impuestos, cosa muy propia de la derecha, según ellos. En este tema yo creo que es más cosa de la aritmética que de la política de una u otra tendencia. No se puede entender que pasen los años y sigamos con el mismo importe tanto en las reducciones en la base del impuesto como en las deducciones en la cuota; tampoco es justo que los tramos de la escala de gravamen sigan igual año tras año, cuando la inflación, lejos de quedarse quieta, sube diabólicamente. Mi manera de explicarlo dista mucho de la precisión con que lo hace el señor Hevia, yo no soy ningún experto fiscal, sé del tema lo justo para ver que me están queriendo vender gato por liebre. Me duele ver la pasividad con que los sindicatos de pensionistas se toman este tema, cuando año tras año queda demostrado que la subida de pensiones, en realidad, beneficia a Hacienda y no al pensionista, que cada año va perdiendo poder adquisitivo; nos suben la pensión bruta, pero, al no deflactar, en muchos casos aumentan las retenciones vía IRPF. Si un Gobierno que saca pecho a todas horas presumiendo de lo muy progresista que es hace esto, él sabrá por qué lo hace, conseguirá engañar a más de uno, pero yo me niego a formar parte de los ciegos voluntarios; y si los sindicatos tampoco lo quieren ver, ellos sabrán la razón, yo estoy lejos de poder entenderlo.
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