Todo el mundo tiene hobbies o aficiones como la lectura o la cocina, pero estas actividades cada vez se realizan más acompañadas de estímulos en segundo plano, como escuchar un podcast o ver un vídeo de YouTube. Conozco a muchas personas que no son capaces de estar en silencio o de mantener una conversación sin una pantalla delante recitando cualquier contenido.
Considero que debería haber un día sin pantallas, como aquel apagón que hubo hace un tiempo: mucha gente salió a la calle a relacionarse y hablar. Quizá no sea más que una utopía, pero sería una forma de recordar que también existe vida fuera de la tecnología.
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