Las palabras de D. Felipe VI en el Museo Arqueológico Nacional reconociendo la existencia de abusos en la epopeya del descubrimiento, colonización y evangelización de América han despertado controversia entre quienes piensan que el monarca se ha quedado corto y los que estiman que en absoluto ha de producirse una petición de perdón por parte de España.
A los que reclaman la petición de perdón a España, concretamente a los presidentes mexicanos López Obrador y la actual Sheinbaum, hay que recordarles que el actual Mexico (privado hoy de una gran parte de lo que fue el Virreinato de Nueva España) es hijo de la acción llevada por Hernán Cortes a la cabeza de los españoles que, en primer lugar, unidos a los pueblos indígenas oprimidos por los mexicas, tlaxcaltecas, olmecas, totonacas, tarascos, etc., terminaron con su imperio de terror, sacrificios humanos y antropofagia; en segundo lugar, aportaron la civilización europea, desde la rueda, la imprenta, la fundación de hospitales y universidades; en tercer lugar, pero no por su importancia, llevaron la religión católica por medio de los frailes como los "Doce Apóstoles", y, en cuarto lugar, dieron lugar al mestizaje predominante hoy en México, a diferencia de la actuación de otros imperios.
El reconocer la comisión de errores del pasado pero no juzgar éstos con criterios del presente demuestra una honradez, una talla moral y una grandeza como la exhibida por San Juan Pablo II durante el Jubileo del año 2000 al pedir perdón en nombre de la Iglesia por las equivocaciones históricamente consumadas.
Idéntico reconocimiento podrá realizarse por España (por sus representantes) cinco minutos después de que México (sus representantes), e Hispanoamérica en general, dé las gracias a España por su labor evangelizadora, civilizadora y humanística.
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