¡Que levante la mano quien no se haya cruzado una mierdecilla de perro en la acera el último mes! ¡Levántela también quien no haya visto esta semana a una persona mirar para otro lado mientras su mascota adorna la esquina de un negocio con su meadita inofensiva! Pues rebozados entre ambas vamos a estar los usuarios del arenal de la playa de San Lorenzo en julio y agosto (al menos). ¿Son mayoría los dueños responsables? Verdad. ¿Lo son todos? Mentira. ¿Va a estar la Policía Local atenta? Verdad. ¿Va a poder disuadir a los que bajen su perro a las doce de la noche en una playa a oscuras? Mentira.
Algunos levantarán la mano y se preguntarán por qué tienen que pagar justos por pecadores, y yo digo que tendré que poner la toalla al lado de una mierdecilla y también pertenezco al bando de los justos. Otros argumentarán que los perros tienen derecho a ese disfrute. Verdad. También lo tienen a no vivir confinados en un piso de ochenta metros cuadrados pero hay mucho defensor de los animales que tiene dos mastines en un apartamento con cocina americana. Lo va a lavar la marea arguyen otros, omitiendo que parte del arenal no se moja y que la biodegradación no es un fenómeno instantáneo. Así que mis hijos tendrán que nadar entre estafilococos fecales (si no, lo que puede hacer usted es no tirar de la cadena por la noche y por la mañana utilizar esa agua para regar sus geranios, que ya está todo biodegradado).
En fin, que como los que nos gustan los animales pero entendemos que no son personas estamos cada vez más arrinconados y peor vistos, nos vemos condenados a que los perretes paseen sus culetes rozando el abrigo que me voy a comprar en unos grandes almacenes (o en la tienda de barrio, que tiene más difícil el negarse...), que pongan sus patitas que no rozan el suelo en una mesa y ocupen un taburete en una terracita y no te lo quieran ceder aunque tú estés de pie (os prometo que me ha pasado) y ahora que dejen sus lindezas en la arena y los niños jueguen con ellas a hacer castillitos.
Yo por mi parte, y si se aprueba esa ordenanza, me dedicaré a hacer fotos a las lindezas perrunas y mandarlas a todos los medios de comunicación que se atrevan a publicarlas... y así veremos que, lo que eran improbables, lo hueles cotidianamente.
Salud.
P. D.: si los espacios públicos son de uso y disfrute de usuarios con perros habrá que ir pensando en que paguen impuestos (los dueños por tenerlos, me refiero, no los pobres perretes insolventes...).
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