La existencia de Dios se resiste a las pruebas científicas
La publicación simultánea de dos libros reabre el debate sobre la relación entre ciencia y religión
El libro que ha incendiado Francia: «Dios existe y tenemos las pruebas»
El debate sobre la existencia de un ser creador, un «primer motor inmóvil» como lo denominó Aristóteles, es tan antiguo como la existencia del pensamiento humano. La complejidad de las relaciones entre Ciencia y Religión tiene su punto álgido en el juicio y condena a Galileo a cuenta del heliocentrismo. Una herida que Juan Pablo II intentó restañar, con éxito, tres siglos después al rehabilitar la figura del astrónomo pisano, y explicar que la humanidad cuenta con dos tipos de desarrollo. «El primero –decía Juan Pablo II– abarca la cultura, la investigación científica y técnica», mientras que el segundo «atañe a lo que hay de más profundo en el ser humano, cuando, trascendiendo el mundo y trascendiéndose a sí mismo, el hombre se vuelve hacia al Creador de todas las cosas». Dos «diversas disciplinas del saber que requieren métodos diversos» y que los teólogos que condenaron erróneamente a Galileo habían confundido.
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