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viernes, 17 de abril de 2026

SOBRE EL PROCEDER DE PEDRO SÁNCHEZ.

 Es increíble el proceder de este autócrata. Es un personaje tan contradictorio consigo mismo que molesta verle, oírle y tener que soportarle.

Pasó de alcanzar el poder mediante una moción de censura por los presuntos casos de corrupción del Gobierno de Mariano Rajoy a convertir los suyos en una resistencia numantina para mantenerse en el poder a toda costa.

Todo lo que decía en contra del anterior Gobierno para exigirle convocar elecciones serviría ahora para exigirse a sí mismo obrar con coherencia si quiere ser creído en algo. ¿Cómo se llama a este proceder? Sin ninguna duda, arribismo indecente e improcedente. Lo que valía para criticar, denunciar y expulsar a otros debe valer también para uno mismo.

Solo por eso, este personaje resulta peligroso en extremo: muestra un afán de poder sin límites. Hará lo que sea por perpetuarse.

Son demasiadas las promesas electorales incumplidas; esos pactos con Bildu, independentistas y Podemos que aseguraba que no haría. En concreto, respecto a Bildu: "Se lo repito, no vamos a pactar; si quiere se lo repito otra vez, con Bildu no vamos a pactar; la defensa de la Constitución española es algo que el Partido Socialista ha hecho bandera, una política de identidad en Navarra; con Bildu no vamos a pactar". Así decía, con contundencia... la misma contundencia que desapareció al necesitar sus escaños para hacer lo contrario.

Como esto, todo. Pasó de afirmar que los responsables del golpe de Estado en Cataluña cumplirían penas íntegras a indultarlos con un único fin: asegurarse apoyos para aferrarse al poder. Decía que traería ante la justicia a Carles Puigdemont, para después plantear su amnistía y negociar con él en Waterloo el apoyo de Junts a su gobierno. Y no gratis: cediendo competencias y condonando deudas por el despilfarro de fondos públicos.

Gobierna con independentistas, con quienes quieren romper España, y son ellos quienes influyen en la gestión de los intereses de todos. Cambia los intereses generales por los suyos propios. Quienes defendemos la Constitución, la integridad territorial y la solidaridad entre comunidades asistimos atónitos a cómo este personaje gobierna con partidos populistas como Podemos y Sumar, con Bildu, con quienes incluso homenajean a asesinos de compañeros socialistas y facilitan la salida de la cárcel de terroristas, todo a cambio de su permanencia en el poder; y también con fugados, delincuentes y corruptos que buscan romper España.

Si a esto se añade que su palabra carece de valor, que es capaz de decir una cosa y la contraria sin inmutarse, y que impulsa políticas como ese efecto llamada a la inmigración sin control, o un modelo de turismo invasivo que genera salarios de propina, encarece la vida, hace la vivienda imposible y aumenta la inseguridad en barrios y calles, este personaje está vendiendo España a cambio de seguir en el poder. Pronto los españoles seremos extranjeros en nuestro propio país; lo verán, y entonces será tarde.

Podríamos seguir hasta mañana enumerando sus contradicciones, cómo llegó al poder prometiendo de todo para después hacer completamente lo contrario. Este tipo no debería seguir en el poder ni un segundo más. No será fácil echarle: ha sabido colocar en cada instrumento del Estado encargado de velar por la limpieza democrática a personas afines. La Fiscalía -que él mismo ha llegado a decir que le pertenece-, los medios públicos convertidos en panfletos sin rigor, el Tribunal Constitucional -a la vista está-, la Abogacía del Estado silenciada, el Parlamento pisoteado, la igualdad ante la ley comprometida y la separación de poderes debilitada.

Los tribunales de justicia aún resisten, aunque algunos también van cediendo ante el régimen que este personaje pretende imponer. Le da igual todo. Dejará a España fuera de toda lógica democrática.

Dice que no convoca elecciones por temor a que ganen las derechas. En esa frase está todo el contenido: no es demócrata, teme la voz del pueblo soberano y pretende salvarnos de nosotros mismos, de nuestras decisiones y de nuestro voto. Es muy grave, señores, lo que está pasando.

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