Creía que ya lo había visto todo. Pues no. Ahora hay gente que se siente perro, gato, raposo, cocodrilo y se pone orejas y rabo postizos, saliendo a la calle a cuatro patas. Lo hacen corriendo, saltando, desplazándose arrastrados y gruñendo. Se conocen como "therians". Quédese con la palabra. Empezaron por Latinoamérica y ya llegaron a Navia el pasado fin de semana. Un joven mexicano, Jesús Antonio, dijo a la CNN que es "therian" desde hace un par de semanas y se identifica como un perro de raza french poodle. ¡Acongojante!
El otro día vi a uno olisqueando una farola. Yo no sabía si saludarlo o tirarle un palo. Finalmente, me cambié de acera. Él y yo nos miramos en la distancia y seguimos camino en direcciones opuestas.
Que cada cual haga lo que quiera, faltaría más. Pero cuando el vecino ladra en el parque, ¿a quién llamamos, al médico o a la perrera? ¿Le ponen chip o DNI?
Aquí ya tenemos todas las paredes meadas con marcas de perro y, más de la cuenta, rebozadas de inmundicias. Bastante trabajo tienen los portales y las farolas como para sumar ahora lo que venga en versión humana. Al final va a haber que salir con botas de goma para bajar a por el pan.
Antes los vicios eran más sencillos: disfrazarse por Carnaval, beber vino o sidra, el tute y protestar por el fútbol y otros. Ahora el personal se mete en unos garabanzales mentales que no los desatasca ni la manguera del Ayuntamiento. A este paso, cualquiera se sentirá semáforo y se quedará en rojo en mitad del cruce.
Yo, por si acaso, seguiré siendo humano, que, con sus defectos, ya se da bastante guerra.
Y si algún día me oyen ladrar, tranquilos, no es identidad animal... Es que perdió el Sporting o el Oviedo.
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