Un gobierno que dice no a la guerra, pero que, ante su nefasta gestión para España y Asturias, celebra la creación de puestos de trabajo fabricando obuses, carros de combate y cualquier otro material destinado precisamente a mantener guerras. Porque no creo que nadie, desde una supuesta pureza buenista, piense de verdad que los obuses y las armas son la solución a las listas de espera de nuestra sanidad o a la falta de vivienda; más bien sirven para destruirlas. Así de hipócrita es todo esto.
Ahora bien, siendo honestos, esas armas también pueden ser necesarias para defenderse de quienes, en un momento dado, sí están dispuestos a usarlas para invadir países o pisotear a sus propios ciudadanos, como hacen los tiranos.
Fabricar armas y venderlas sería una tremenda hipocresía si después se enarbolan lemas pacifistas.
Nadie es tan bueno como dice ser, ni tan malo como otros dicen de él. Todos tenemos la capacidad -hombres y mujeres- de ser ambas cosas, incluso al mismo tiempo. Pero nos encanta señalar con el dedo a los demás por aquello mismo que nosotros hicimos o incluso seguimos haciendo. Juzgamos con facilidad sin mirarnos el ombligo.
Creo que muchos de los males de esta sociedad provienen de la facilidad actual para acceder a cargos de responsabilidad, repartiéndolos por cuotas como si fueran un derecho. Y también de una educación carente de valores. Antes ese papel lo ocupaba la Iglesia; hoy lo ocupan ciertos movimientos feministas que tampoco destacan por inculcar respeto, disciplina, honradez, honestidad, verdadera solidaridad, personalidad, palabra y cumplimiento de la misma en todo momento. Estos gobiernos de Sánchez y Barbón son, precisamente, el ejemplo contrario: falta de meritocracia y aceptación de responsabilidades para las que no se está preparado.
Sin valores es imposible que una sociedad crezca unida y responda a las necesidades colectivas; cada cual acaba mirando solo por sí mismo.
Basta con ver la política de esos partidos: sus dirigentes y los de sus socios de Podemos, Sumar... han sembrado odio, división y confrontación. No han aportado soluciones reales a las necesidades de las familias: vivienda asequible, una sanidad que atienda a tiempo, residencias dignas, frenar el coste de la vida, salarios que permitan llegar a fin de mes, inversión en bienestar... Nada de eso. Solo han creado su propio bienestar: casoplones, sueldos de eurodiputadas, niñeras, escoltas, colegios privados para sus hijos, viajes en business, aferrarse al poder... Ese ha sido su legado. Peor para todos, mejor para ellos, ellas y "elles".
Y además le han cogido el gusto: aunque se queden sin votos, sin escaños, sin respaldo electoral, ahí siguen, con escaparate en televisiones públicas y ministerios. Como la polilla: una vez dentro, no paran hasta descomponerlo todo.
Al final, todo se reduce a lo mismo: sin coherencia, sin valores y sin responsabilidad, la política se convierte en un ejercicio de retórica vacía. Y una sociedad que acepta eso termina pagándolo.
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