Que nuestra sanidad pública da muestras de estar colapsada lo puede comprobar cualquiera a poco que uno llegue a necesitar de ella y sufrir sus calamitosas listas de espera. Lo que uno no sabía es que también parece ser que el colapso no solo está en el servicio sanitario, sino también en su aparato administrativo.
El pasado 7 de enero, harto de esperar a ser llamado a revisión por el servicio de oftalmología del Hospital de Cabueñes, recurrí a plantear una queja por escrito en la que exponía que: siendo paciente crónico de cierta dolencia de esa espacialidad, me sentía en cierto modo chuleado por ese servicio al ver que pasaba el tiempo y no se me citaba a revisión periódica, tal cómo me dicen en lo privado que procede hacer, dado el avance de mi dolencia, que, según estos, de no ser atendido puede llegar a pérdida de visión irreparable. Pasaban las semanas y, a la vista de que no recibía respuesta a mi escrito-queja, opté por probar a contactar telefónicamente con la secretaría del servicio y, tras ciertos argumentos -para mí, no válidos-, me prometieron que si surgía una vacante me llamarían; un par de días más tarde, suena el teléfono y, efectivamente, eran ellos para decirme que al día siguiente, 6 de febrero, podía ser atendido si acudía a ese servicio a las 8.15 de la mañana. Acepté gustoso y fui revisado y con cambios en la medicación con la que hasta entonces estaba siendo tratado. Curiosamente, con fecha 24 de febrero recibo por correo ordinario una carta respuesta a mi escrito, con fecha de redacción del 16 de febrero, en la que por parte de la gerente de área se me comunica lo siguiente: "Una vez analizada la situación presentada por usted, y tras solicitar la oportuna información, el jefe del Servicio de Oftalmología de este hospital informa que el 06/02/2026 usted fue atendido en la consulta de dicho servicio". Al leer la carta me quedé con más cara de tonto de la que sospecho que estos señores me ven. Primero, por recibir respuesta a mi queja casi dos meses después de mi escrito; segundo, en lugar de prometerme siquiera que en lo sucesivo seré revisado periódicamente, tal como en lo privado me dicen que procede, todo lo que me dicen es que entre tanto ya fui revisado, pero no mencionan que volví para casa sin cita previa para una futura revisión. ¿Acaso en la gerencia no pueden entender que el primer enterado de que fui revisado fui yo?, y centran la respuesta en aclararme algo tan obvio. Por favor, que me disculpen, pero si todo va así, no es de extrañar que nos esté pasando lo que nos pasa. Siento ser tan desagradable, pero mi grado de enojo da para eso y mucho más. Cuando uno tiene una dolencia crónica, ha de ser revisado periódicamente, todo lo demás entiendo que son chapuzas.
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