Después de unos años de mi jubilación, cuando ya no puedo cuidar mi huerta o hacer otros trabajos físicos, por las limitaciones de la edad, decidí solicitar plaza en la Escuela de Música de Siero, dentro de su programa formativo cultural, como alumno de guitarra hispanoamericana.
Sorprendentemente este año ni yo ni mi compañero somos admitidos al programa, ¿razones?, solo se me ocurre que este año cumplo los 80 y no quieren viejos. Si le preguntan a la persona responsable seguro que buscará otras razones, pero la realidad es la que es: cumplo 80 y quedo fuera de los admitidos, y sin saber cómo ni por qué, ya que ni siquiera se publicaron las listas de los admitidos y excluidos.
Pudiera haber otras causas, aparte de la edad, pero sería una actitud tan vulgar que no es creíble. Digo esto porque he criticado el funcionamiento de esta actividad en lo que se refiere a los conciertos que organizan para los alumnos de la escuela. He criticado que no hubiera una publicidad previa, que el programa con las listas de los que van a actuar no se publique hasta el mismo día o el anterior, que la persona responsable se siente en primera fila y que nadie, absolutamente nadie, presente a los alumnos, cuyo nombre y tipo de instrumento solo podemos ver en el programa; que dentro de lo que llaman un concierto salga un grupo de niños de 3 años, para placer de su familia, pero no para interpretar ninguna pieza musical, como es evidente, etcétera. ¿Represalias?, no creo.
En fin, es una pena que siendo de Siero tenga que practicar esta actividad para ocupar mi tiempo en otro Ayuntamiento, que lo hay, aunque este año ya sea tarde para ello.
Ah, se me olvidaba decir que si no hubiera plaza, y fuera necesario dejar nuestro lugar para ser ocupado por algún niño que quedara fuera, con gusto renunciaríamos a la nuestra, pero no es el caso. Incluso el profesor tiene interés en que sigamos entre sus alumnos, dado nuestro nivel, incluso de forma desinteresada.
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