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viernes, 24 de junio de 2016

SE ABRIÓ LA CAJA DE PANDORA PARA LOS EURÓFOBOS

La líder francesa del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, en una conferencia de prensa en Viena el 17 de junio.

El “no” británico impulsa a los eurófobos europeos.


La francesa Le Pen, el holandés Wilders y el italiano Salvini reaccionan con euforia

Si hay unos ganadores claros de la victoria del no británico a la Unión Europea son los partidos de la extrema derecha europea. La eclosión del euroesceptismo británico se produce en un momento de profundo desencanto y renovadas pulsiones nacionalistas en el Viejo Continente que las fuerzas xenófobas han sabido explotar con eficiencia.
El júbilo de los ultras se ha traducido desde primera hora de la mañana en exigencias concretas. "Ha vencido la Libertad", ha tuiteado Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional francés. "Como llevo pidiendo hace años, ahora hay que convocar un referéndum en Francia y en el resto de partidos de la UE". Lo mismo pidió Geert Wilders, el político holandés de cabellera oxigenada que lidera los sondeos en su país con un proyecto político abiertamente antiinmigración. "Queremos ser dueños de nuestro propio país, de nuestro dinero, nuestras fronteras y nuestra política migratoria", ha dicho en un comunicado. "Los holandeses necesitamos tener la oportunidad de expresar nuestra opinión sobre nuestra pertenencia a la UE lo antes posible", ha añadido agitando el fantasma del llamado Nexit, una hipotética salida de Holanda del bloque comunitario que hoy se perfila más posible que nunca. Ambos países son miembros fundadores de la Unión.
En Italia, Matteo Salvini, de la Liga Norte, felicitó a "los ciudadanos libres" que no han sucumbido "al chantaje, las mentiras y las amenazas".

Wilders es junto con Le Pen el gran referente de los partidos eurófobos que triunfan en la Europa continental y que muestran una creciente coordinación y asertividad, conscientes de que el viento sopla a su favor. El Brexit supone el gran espaldarazo a su ideario, cuya espina dorsal la componen la xenofobia, el repliegue identitario, el binomio pueblo-élites y el proteccionismo económico. Es decir, el rechazo de todo lo que venga de fuera de sus fronteras, con las políticas europeas a la cabeza. La crisis económica, los refugiados, el islam... todo vale para convertir a Bruselas en el perfecto chivo expiatorio. El Brexit es el punto de inflexión que llevan años esperando y que ahora creen que va a suponer el inicio del fin del proyecto europeo. Les respaldan millones de votantes eurocabreados.
Los holandeses expresaron claramente su enfado esta primavera, en el reférendum contra el acuerdo de asociación de la UE con Ucrania que ganaron de calle los euroescépticos. En 2005, los holandeses ya rechazaron el proyecto de Constitución Europea, después rebajado en forma del Tratado de Lisboa. "Si me convierto en primer ministro, habrá un referéndum para dejar la UE". Las elecciones están previstas para la primavera próxima y Wilders parte como claro vencedor en las encuestas. El boicoteo del resto de partidos aleja sin embargo sus posibilidades de Gobierno.
Seis días antes del referéndum, los euroescépticos celebraron una cumbre en Viena, bautizada “la primavera de los patriotas”. Se trataba de arropar a los partidarios del Brexit, pero también de escenificar su creciente poderío paneuropeo como miembros de un grupo en la Eurocámara, desde donde torpedean desde dentro el proyecto comunitario. Allí, Le Pen —que será cabeza de cartel del Frente Nacional en las presidenciales de mediados del año que viene— defendió una Europa a la carta, que cumpla los deseos y exigencias de cada país miembro.
El líder de la también exitosa ultraderecha austriaca, Heinz Christian Strache, puso el énfasis en la democracia directa y en la conveniencia de consultar a la población sobre su futuro, tal y como acaban de hacer los británicos. Suiza dijo, es su modelo. Su partido, el FPÖ, acaba de perder las elecciones presidenciales por la mínima y ahora disputa el resultado en los juzgados. El hartazgo de los ciudadanos austriacos con el bipartidismo y la búsqueda de una identidad que sienten que corre el riesgo de diluirse con la llegada de 90.000 demandantes de asilo al país, han catapultado a los ultras en el país centroeuropeo.
El timing del Brexit, como dicen los británicos para referirse al momento en que se producen los hechos, no ha podido ser mejor para los populistas de derechas. Saben que el caldo de cultivo es propicio para sus intereses y cuentan con que los partidos tradicionales y Bruselas serán incapaces de reaccionar en tiempo y forma. Sienten que ha llegado su momento.
LA DEUDA VA SER PARA EL BCE QUE FUE EL QUE FABRICÓ EL PAPEL DEL DINERO SIN VALOR REAL ALGUNO, BASADO EN UN PROYECTO DE CONFIANZA EN LA UNIÓN, CADA DÍA MAS FALLIDO

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