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lunes, 5 de enero de 2026

MI CARTA AL 2026

 Se va bien exprimido el 2025, para dejar paso a un inexperto 2026. Son momentos de hacer balance, donde los deseos de felicidad y mejora afloran en mensajes y brindis. Mirar atrás y proyectar el futuro, agradecer y enmendar, aspirar a todo lo mejor son verbos que se conjugan en estos días.

Una expresión habitual, que para nada comparto, es la de «seamos felices», es decir, ser feliz por encima de todo, como un imperativo categórico que si no se da —que suele ser lo habitual, porque las alegrías y las penas conviven juntas— uno se frustra o se deprime. Sin embargo, solo se está satisfecho cuando cada uno asume lo que hay —bueno, malo o regular—, con intención de mejorar, siempre que se pueda.

De los muchos mensajes que recibí al encarar este nuevo año, me gustó uno que decía: «No cuentes los días, haz que lo días cuenten. ¡Que tengas un 2026 lleno de propósito!». Es decir, un año con metas claras, donde las acciones diarias tengan una dirección y significado, más allá de simples listas de tareas, enfocándonos en un crecimiento personal o profesional y comprometiéndonos con esfuerzo constante para lograr esos objetivos.

Sumario o epígrafe: Momento de hacer balance

Destacado: Pues eso le pido al 2026: integridad. Procurar una integridad con sonrisa, con buena cara, con cordialidad. Y la pido para mí y los míos, empezando a entrenarme en detalles pequeños a nivel personal, con la familia o en el trabajo, con los amigos o la vida social

Como además de gustarme, dicho mensaje me interpeló, acto seguido me planteé: ¿Qué le pido al 2026? ¿Qué quiero para mí y los míos en este año que comienza? Lo tengo tan claro como Francisco Javier Labandón, más conocido como El Arrebato, cuando nos canta su Gente Luminosa, «La que baila porque sí/La que sonríe a todas horas/Con la que respiras lento/La que te regala tiempo/Y si un día no lo tiene/Lo fabrica para ti...».

Una cualidad necesaria en este mundo nuestro, una actitud que irradia luz y nos hace luminosos en una sociedad que a veces deambula en penumbra, es la integridad. Una persona íntegra es una persona honesta, coherente y con principios firmes, que actúa siempre con rectitud y verdad, incluso cuando nadie la ve, cumpliendo su palabra y siendo fiel a sus valores, lo que a su vez genera confianza y respeto tanto en los demás, como en uno mismo. La persona íntegra actúa según su conciencia, haciendo lo bueno y justo —sin dañar a otros—, asumiendo la responsabilidad de los actos personales. Si le pregunto a la IA por los sinónimos de integridad personal con el fin de aquilatar aún más el concepto, me habla de honradez, de entereza, de decencia y dignidad, de lealtad y de congruencia. ¡Casi nada!

Pues eso le pido al 2026: integridad. Procurar una integridad con sonrisa, con buena cara, con cordialidad. Y la pido para mí y los míos, empezando a entrenarme en detalles pequeños a nivel personal, con la familia o en el trabajo, con los amigos o la vida social… Y también pido integridad, cómo no, para los que dirigen los destinos de los pueblos y las naciones, pues cuando falta esta virtud, los gobiernos y gobernantes caen en medidas arbitrarias, partidistas y torticeras que les restan credibilidad y eficacia.

Me despido deseándote un 2026 con integridad para ser, como canta El Arrebato: «Gente que hace lo que siente, aunque sea temblando/Que le saca la lengua a la vida, sin hacer daño/Y si sube la marea, no va a soltar tu mano/ Gente que ahuyenta las nubes negras/Porque tiene el poder de la luz».

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