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lunes, 12 de enero de 2026

LA DEPRESIÓN EN ESPAÑA.

 La depresión no siempre se ve.

Ana tiene 42 años y acaba de perder a su padre, su gran apoyo en la vida. Siempre estuvo presente en los momentos difíciles: la ayudaba de forma práctica, la consolaba, la sostenía. Su madre nunca estuvo realmente en su vida y ahora tampoco está. El vacío es tan grande que Ana no deja de buscar en las relaciones sentimentales algo que no sabe definir, pero que necesita para no sentirse sola.

Pedro acaba de ser padre por primera vez. Su hijo fue buscado y deseado. Sin embargo, el impacto de la paternidad en su relación de pareja y el miedo constante a no saber cuidar de su hijo, a no ser un buen padre o compañero, le mantienen en un estado de alerta permanente. Lleva semanas durmiendo mal, está irritable y ha perdido el apetito.

Mateo tiene 14 años. Desde que empezó la Educación Secundaria sufre acoso escolar. No se lo ha contado a sus padres por vergüenza. Para aliviar la tristeza y la soledad, empezó a hablar con personas de manera online que le ofrecían apoyo y consuelo. Algunas propuestas le incomodan, pero tampoco habla de ello en casa. Cada vez se aísla más y cada vez se siente peor.

Estos son solo algunos ejemplos de personas que acuden a consulta y que sufren una enfermedad tan extendida como silenciosa: la depresión.

Sumario: Una enfermedad que no siempre se ve

Destacado: Desde distintos ámbitos profesionales y asociativos de Asturias se viene insistiendo en la necesidad de situar la salud mental en el centro del bienestar personal y social, especialmente en contextos de alta exigencia vital y laboral

A veces, la depresión se reconoce fácilmente en el llanto o en una tristeza evidente. Pero en muchas ocasiones pasa desapercibida. Muchas personas con depresión “funcionan”: trabajan, cuidan de otros, cumplen con sus obligaciones, incluso sonríen. Hacen un gran esfuerzo por no mostrar lo que les ocurre. Cuando llegan a casa, agotados, solo pueden desconectarse o esconderse para poder volver a empezar al día siguiente.

La depresión no es solo estar triste. Es una enfermedad que afecta al cuerpo, al pensamiento y a la forma de relacionarnos. Puede aparecer como cansancio constante, dificultades para dormir, irritabilidad, sensación de vacío, culpa o pérdida de interés por la vida. Y no siempre hay una causa clara desde fuera.

En consulta es frecuente escuchar frases como: “No tengo motivos para estar así”, “No quiero preocupar a nadie”, “Otros están peor”. Estas ideas, muy extendidas socialmente, suelen retrasar la búsqueda de ayuda y aumentan el sufrimiento en silencio.

En el Día Mundial de la Depresión, conviene recordar que pedir ayuda no es una debilidad, sino un acto de responsabilidad personal. La depresión es tratable. Con un acompañamiento psicológico adecuado las personas pueden recuperar el descanso, la capacidad de disfrutar y la conexión con los demás.

El entorno también es clave. Escuchar sin juzgar, no minimizar el malestar y acompañar en la búsqueda de ayuda pueden marcar una diferencia decisiva.

Desde distintos ámbitos profesionales y asociativos de Asturias, como Mujeres de Empresa, se viene insistiendo en la necesidad de situar la salud mental en el centro del bienestar personal y social, especialmente en contextos de alta exigencia vital y laboral. A lo largo de mi carrera profesional y en la práctica clínica diaria en Nordic Clinica constatamos, en el contacto directo con personas que atraviesan procesos depresivos, que poder poner palabras al malestar, comprender lo que ocurre y sentirse acompañado/a marca una diferencia real en la evolución del sufrimiento.

La depresión no siempre se ve. Pero existe. Y cuanto antes aprendamos a reconocerla y a hablar de ella, antes podremos cuidarnos y cuidar mejor a quienes nos rodean.

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