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martes, 22 de octubre de 2013

UNA IRREALIDAD MUY REAL PAR LO QUE QUEDA DE ESPAÑA QUE YA PERDÍO HASTA LAS LETRAS

Inquietante sarcasmo.

Acerca de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo.

No deja de ser un sarcasmo que para no tener que vulnerar el convenio europeo de los derechos humanos puedan quedar en libertad la etarra condenada a 3.828 años de prisión por 24 asesinatos; el violador del portal, con 1.721 años de condena, y el famoso asesino de las niñas de Alcàsser. Entre otros. La excarcelación que se avecina es uno de los hechos más terribles e inquietantes que se han producido últimamente.
El varapalo europeo a la "doctrina Parot" servirá para restablecer los derechos humanos de las alimañas pero no para hacerle justicia a las víctimas. O no, al menos, para que se cumpla la justicia idealizada por cualquier persona decente y los asesinos paguen como deben por sus horrendos crímenes. Sin embargo, en una sociedad garantista suceden cosas así. Los más despiadados criminales tienen sus derechos y libertades. Lo contrario, por cruel y duro que resulte aceptarlo en días como el de hoy, no sería propio de una democracia regida por leyes.
Ahora podemos ponernos a discutir si los gobiernos de este país podrían haber hecho algo por cambiar la legislación para que los terroristas y otros delincuentes, peligrosos por el número y el tipo de delitos cometidos, cumplieran más tiempo en la cárcel. Estas situaciones son las que se tendrían que haber previsto con un endurecimiento de las penas en el momento de juzgar el delito. De esa forma la ley serviría, sin subterfugios, para la justicia que se reclama.
La sentencia del Tribunal de Estrasburgo ha obtenido reacciones delirantes de optimismo entre los partidarios de la política de apaciguamiento etarra, de decepción entre quienes la ven como un paso atrás en la lucha antiterrorista y de dolor por parte de las víctimas. Hay quienes la festejan, y también quienes sienten repugnancia, además de preocupación, por las consecuencias que puede acarrear el restablecimiento de los derechos de los asesinos y los violadores para los derechos del resto de los españoles. Estoy entre los últimos.

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