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miércoles, 23 de octubre de 2013

LA BANCA SIMPRE GANA, AHORA A FORRARSE CON LOS ALQUILERES

La banca gana: ahora, a forrarse con los alquileres.
Desde hace unos meses venimos advirtiendo de los peligrosos paralelismos entre la realidad financiera actual y la vigente en las vísperas de la crisis que estalló en el verano de 2007 (Valor Añadido, "2013 empieza a oler peligrosamente al ‘pre-crash’ 2007", 29-05-2013, y "El monstruo que causó la crisis resurge de sus cenizas", 17-09-2013). Como entonces, la abundancia global de dinero –entonces crédito, hoy liquidez pura y dura– y la falsa seguridad de la existencia de un nuevo paradigma –ayer el famoso Goldilocks, crecimiento sin inflación, ahora la protección infinita de los bancos centrales– ha propiciado tanto que proliferen modalidades de crédito como el cov-lite (200.000 millones de dólares cerrados en lo que va de 2013 frente a los 100.000 de 2007) o el payment-in-kind que apenas garantizan el recobro del principal, como que la percepción del riesgo sobre los activos basura se encuentre en niveles casi mínimos (FT, "Surge in boom-era debt is signal of overheating", 19-10-2013). No importan ni la lánguida realidad macro, crecimiento y deuda, ni el preocupante estancamiento micro, ventas y beneficios. A vivir que son dos días.
Más aún. El proceso de innovación en la economía del dinero continúa firme su curso y, curiosamente, lo hace sobre pilares similares a los que nos provocaron hace seis años que lo improbable se hiciera posible y lo impensable, realidad. Recordarán que, en aquel momento, antes de que todos descubriéramos que la prima era mucho más virtual y diferencial que carnal y absoluta, el vocablo de moda era subprime. Un término que hacía referencia no sólo a las hipotecas basura concedidas por los bancos estadounidenses –fenómeno que luego se probó generalizado en sus distintas versiones en muchas otras economías, como la española–, sino también al empaquetamiento de las mismas en otros productos que permitían sacarlos del balance de los tenedores gracias, entre otras cosas, a que las agencias de rating les otorgaban una calificación que en la mayoría de las ocasiones no se correspondía ni de lejos con su verdadera solvencia. Hay siguen los S&P y Moody´s de turno, como si nada hubiera pasado.
Pues bien, ahora que en Estados Unidos parece que la cosa inmobiliaria empieza a ganar algo de tracción –eso sí, con las agencias semiestatales garantizando el 90% del mercado hipotecario local y los tipos de referencia para la compra de casas en umbrales irrisorios– los estructuradores más avezados amenazan con sacarse un nuevo conejo de la chistera, esta vez del color de los alquileres que los sufridos inquilinos están pagando por habitar en las casas adquiridas a derribo por miembros de la llamada banca en la sombra, fundamentalmente capital riesgo y hedge funds. Un mismo mercado, el ladrillo; distinto subyacente, las rentas a percibir; similar instrumento, la titulización; igual objetivo, sacar rentabilidad adicional al flujo económico asociado a la vivienda (antes para la entidad financiera, ahora para el propietario). El patrón de siempre, en cualquier caso: agrupar cash-flows asociados a algún tipo de garantía, ponerles el lacito del refrendo de un tercero, por cuestionado que esté, y... ¡a jugar!
El nuevo vehículo estaría a punto de ver la luz de la mano de Blackstone y Deutsche Bank, si nos atenemos a la información publicada por Tracy Alloway en la edición del Financial Times del pasado lunes (FT, "Home rental bond secures credit rating", 20-10-2013). Tomaría la forma de bono single-family rental, denominación políticamente más correcta que la inicialmente prevista de real estate owned (REO) to rental, entre otras cosas porque REO hace referencia explícita en Estados Unidos a los pisos adjudicados o que han sido objeto de desahucio. Ojos que no ven, ya saben... ya que mancha, al menos que no ensucie. Aparentemente, el último requisito para su lanzamiento oficial se cubrió la semana pasada con la obtención de calificación por parte de una agencia aún desconocida, rating que ayudará en la colocación. No les negaré que tengo una curiosidad más que malsana por saber cómo se puede considerar a un arrendatario AAA o CCC sin la fuerza ejecutiva de un derecho con garantía real sobre el mismo. Me lo expliquen.
En cualquier caso, en los principales centros financieros interplanetarios se frotan las manos ante lo que consideran el inicio de un nuevo mercado potencialmente multimillonario, no sólo en volumen listo para ser titulizado, sino en comisiones para los originadores y comercializadores. De hecho, una vez abierto el melón, cualquier vivienda, oficina o nave alquilada es susceptible de entrar, de nuevo, en el juego de dónde está la bolita –en el emisor, en el arrendatario, en el inmueble– que no pocos problemas, más bien todos, trajo en su día. Pero es sabido que el hombre es el único mendrugo que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿eh, querido inversor?, mientras que el financiero sigue siendo aquel que, a cambio de un resultado de corto plazo al que va ligado su bonus, es capaz de condenar a la ruina a toda una generación.
Seis años más tarde, nada ha cambiado.
 
COMENTARIO:
Pues yo sí creo que han aprendido. La industria financiera ha aprendido que, haga lo que haga, el estado va a rescatarla. Así que, lógicamente, vuelven a hacer lo mismo que hacían.. Sus platos rotos, que los paguemos los parias, además también nos tocará cargar con sus culpas ¡¡por consentirlo!!. Habrase visto, qué jeta y qué desfachatez. ¿ES QUE ACASO LA CIUDADANÍA TIENE INSTRUMENTOS PARA EVITARLO? ¡¡¡NO!!! VIVIMOS EN LA DICTADURA DE LA INDUSTRIA FINANCIERA.

No generalicen las culpas. Los que no tienen nada para invertir (el 95% de la gente) no tiene ninguna culpa.