En España, de momento, la Constitución respalda el derecho a la libre expresión de las ideas, pero cada vez con más frecuencia se sorprende uno con que, en lugar de que se genere un libre debate sobre las mismas y las opuestas, se tienda a censurar al opinante, se le clausure o amenace incluso con violencia, como ha ocurrido recientemente con la propuesta de Pérez-Reverte de realizar un debate sobre "1936. La guerra que perdimos todos".
El Gobierno ha propuesto recientemente su intención de proceder, sin pasar por las Cortes, a regularizar a más de medio millón de inmigrantes cuya entrada en España ha sido ilegal, con una ley que permite sutilmente la inclusión de quienes tengan antecedentes penales. Lo hace en un momento específico y de una forma propicia para aminorar el impacto negativo sobre la opinión pública de los accidentes de trenes recientes, con la señalada ausencia de los responsables políticos de los mismos, en la ceremonia religiosa celebrada en memoria de los fallecidos.
En este politizado contexto, el arzobispo de Oviedo, monseñor Sanz Montes, según leo en LA NUEVA ESPAÑA, "ha querido expresar su opinión, que no es contraria a que España acoja inmigrantes, pero sí advierte del riesgo de 'medidas populistas' y no 'sensatas' que pueden llevar a que la acogida de extranjeros que llegan de forma irregular se haga inasumible para el país".
Como ya le ha pasado en otras ocasiones, han surgido voces que han querido ver en estas manifestaciones un motivo para recriminar al Arzobispo y rogarle que "deje de avergonzar a esta Iglesia". Es decir, que silencie sus opiniones. Que se autocensure.
Mucho me temo que nuestro arzobispo, que no se calló cuando el apagón le interrumpió un sermón en la misa del 28 de abril en memoria del Papa Francisco, a la que acudieron las autoridades de nuestro Gobierno regional, y continuó hablando sin altavoz, por la falta de energía eléctrica, no va a hacerle callar esta crítica. Por cierto, en ese sermón, recordó y habló bien de las palabras del Papa Francisco en Lampedusa, y su famosa expresión de "Vergüenza" por la situación de los inmigrantes en dicha isla.
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