¿No le parece alucinante que el Gobierno, el suyo, mire para otro lado cuando de delitos contra las personas se trata y fomente, con su pasividad, el incremento abusivo e imparable de la delincuencia?
Hay personas relevantes que, consciente o inconscientemente, viven para el caos, convencidos de que ellos y sus familias están a salvo y nunca les tocará, sin plantearse siquiera que si la economía mundial llegara a colapsar, el Estado de derecho ya no se aplicaría.
Nadie, ni la Policía ni los militares, te iba a proteger. De hecho, lo más probable es que sean ellos los autores de actos perversos contra ti y los tuyos.
Cuando los vándalos y villanos se den cuenta de que ya no hay consecuencias por cometer delitos, muchos de ellos se lanzarán a un frenesí de asaltos, saqueos y violaciones. El hambre alimentará la desesperación y la violencia extrema.
Es un recordatorio esclarecedor de lo rápido que pueden cambiar las cosas en tiempos de crisis, concepto que suele atribuirse a Sir John Boyd Orr, un médico y biólogo escocés ganador del premio Nobel de la Paz.
Este concepto destaca la importancia de la seguridad alimentaria y la naturaleza frágil de la estabilidad social y la idea se resume en la frase "La civilización está a solo nueve comidas de la anarquía".
Esta frase sugiere que si la gente se saltara tres días de comidas, o aproximadamente nueve comidas, la delgada capa de civilización podría desmoronarse rápidamente, lo que inexorablemente llevaría al desorden y al caos, a medida que la gente se desespera cada vez más por sobrevivir.
Vemos que en algunos países ya empieza a pasar por la proliferación e inmunidad de villanos en todas las capas sociales del llamado primer mundo. En otros, como el nuestro, retuercen nuestros cerebros con alertas de la UE para que interioricemos que un fallo energético, una guerra o un ciberataque son probables y procede, por lo tanto, un kit de supervivencia de elementos básicos, para unas 72 horas. Más terror.
Estaba pensando en Trump y me vino a la mente Sauron. Ya sabe, es el villano titular de "El Señor de los Anillos", de Tolkien, un nigromante terriblemente poderoso con una voluntad de poder militar inflexible y abrumador.
El triunfo de los villanos está de moda, como demuestra cada día Chucky, el muñeco diabólico que pretende someternos con puño de hierro desde Moncloa, y algo tenemos que hacer.
Entre tanta desesperanza, es una bocanada de aire fresco escuchar al presidente de El Salvador, Nayib Bukele (se lo recomiendo vivamente): "Si el Gobierno es incapaz de controlar la delincuencia es porque los delincuentes están dentro del Gobierno", ha dicho.
No todo está perdido.
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