viernes, 30 de octubre de 2026

EL CESE DE PUENTE NO BASTARIA.

 

El cese de Puente no bastaría

La responsabilidad no puede detenerse en un ministro inepto. También alcanza al presidente que lo nombró, lo mantuvo en el cargo y respaldó su gestión.

Dada la gravedad de la catástrofe sufrida en las vías de la alta velocidad tras fallos evidentes en los sistemas de seguridad, la dimisión o el eventual cese de Óscar Puente no parece una asunción mínima de la responsabilidad política. Hay que sumar las dos tragedias de los accidentes de Adamuz y Urda para concebir hasta dónde llega el deterioro del sistema ferroviario español y la devastadora incapacidad para tomarse en serio un problema tan grave. La dimisión de un ministro entregado al matonismo sectario en las redes antes que a la gestión de las infraestructuras críticas del transporte no es proporcional con el daño irreparable causado en más de un centenar de vidas truncadas y la quiebra absoluta de la confianza de los ciudadanos, de todos los viajeros. Los fallos, las continuas alertas y averías, nueve meses después de la tragedia de Adamuz, en la misma vía, no fueron bastante para que Puente se centrara en sus competencias. Lo que sí hizo el ministro fue intervenir la cúpula de Adif para tomar el control y que entre los altos cargos hubiese un buen número de personas sin experiencia en la gestión ferroviaria pero con fidelidad o carné del PSOE, sin que le hayan importado las consecuencias hasta el segundo accidente en Urda.

Puente ya no sirve como fusible del sanchismo ni como cortafuegos de un incendio que alcanza las puertas del Palacio de la Moncloa. Ofrecer su cabeza supondría, en estas circunstancias, otra maniobra mezquina para salvar los muebles de una gestión desastrosa antes del inicio de la campaña electoral, no una demostración de ética política. Quien ha gobernado e incluso gestionado crisis gravísimas calibrando cada vez la hegemonía de su relato o las ventajas políticas puestas por delante del sufrimiento de víctimas tan numerosas, debe asumir que el tiempo de ese tipo de maniobras ya ha acabado. Cualquier gobernante civilizado debería ser consciente de algo así.

Lo sucedido en este ministerio, sobre el que también planean investigaciones y sospechas, y también sentencias relacionadas con la corrupción socialista, constituye un síntoma de un patrón que trasciende a Transportes y se reproduce en otras estructuras del Gobierno. Se ha antepuesto la fidelidad política a la competencia profesional y se han subordinado recursos humanos y económicos a las necesidades de supervivencia del Ejecutivo y su líder.

No es sólo Puente quien está tocado por su clarísima incompetencia tras el accidente. Es el presidente del Gobierno y es la totalidad del Consejo de Ministros. Es toda una manera de gestionar la Administración la que está invalidada, después de un largo mandato sin presupuestos, haciendo de la supervivencia propia la prioridad absoluta mientras se erosionaba la convivencia, se invadían las instituciones y se dejaban deteriorar las infraestructuras esenciales del Estado o cuando se regaba con dinero público a colectivos a la búsqueda del voto dejando inversiones vitales para el mantenimiento de infraestructuras críticas, algo que se ha extremado en la precampaña con el anuncio de los millonarios 'martes sociales'.

El resultado no puede ser más doloroso, con tantas vidas truncadas y el prestigio de España retorcido como las vías del AVE. Por fortuna, pronto los españoles estarán frente a las urnas y ellos tendrán la soberanía y la voz para elegir hasta dónde han de exigirse las responsabilidad.

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