Ahora Pedro Sánchez, el PSOE, Sumar, Podemos y sus socios se llevan las manos a la cabeza por el caso de Maricarmen.
¿Ahora?
Después de años gobernando, legislando y disponiendo de recursos y poder para actuar, quienes tenían que proteger a nuestros mayores ahora se manifiestan contra aquello que ellos mismos deberían haber evitado.
Eso no es preocupación. Es cinismo.
Para los animales sí hay leyes específicas, obligaciones y controles. Para nuestros mayores, demasiadas veces hay residencias caras e indignas, soledad, abandono, problemas de atención y ayudas que llegan tarde.
Para los animales, protección. Para nuestros mayores, discursos.
Y que nadie manipule el debate: no se trata de parar todos los desahucios. Algunos pueden ser procedentes. Se trata de que una persona mayor y vulnerable no tenga que llegar al límite para que aparezcan los políticos, las cámaras y las declaraciones.
Porque Sánchez y sus socios no acaban de llegar al poder.
Llevan años.
Han tenido tiempo.
Han tenido presupuestos.
Han tenido leyes.
Han tenido la obligación de actuar.
Y ahora se presentan como indignados.
¡Qué casualidad!
Como si fueran espectadores y no responsables de las políticas que han aplicado durante todos estos años.
¡Basta de hipocresía!
Mientras ellos hacen política con nuestros problemas, nosotros nos peleamos entre izquierdas y derechas, entre PSOE, Podemos, Sumar, PP y todos los demás.
Nos dividen. Nos enfrentan. Y mientras tanto, los problemas siguen ahí.
Y no olvidemos algo: los jóvenes de hoy serán los mayores de mañana.
Quizá entonces descubran lo que significa depender de una residencia que ellos mismos no aceptarían para sus padres, esperar una ayuda durante meses, enfrentarse a una Administración que no responde o comprobar que aquello que se construyó durante toda una vida ya no parece importar a nadie.
Porque nuestros mayores no son una carga.
Son quienes levantaron este país.
Trabajaron. Cotizaron. Criaron a sus hijos. Sacaron adelante sus familias. Construyeron la sociedad que hoy administran quienes después se hacen fotos indignados cuando una tragedia sale en televisión.
Y cuando necesitan que esa sociedad les devuelva una mínima parte de lo que dieron, los abandonamos y después hacemos teatro.
Con Mari Carmen ha ocurrido algo que debería avergonzarnos como sociedad.
No porque exista un desahucio, sino porque una persona vulnerable ha tenido que convertirse en noticia para que quienes gobiernan reaccionen.
Y esto también vale para otros problemas, como Ceuta: primero se deja crecer el problema, después se buscan culpables y finalmente todos se echan las manos a la cabeza.
Siempre tarde. Nunca a tiempo.
Sánchez, PSOE, Sumar, Podemos y sus socios:
Ustedes gobiernan.
Ustedes legislan.
Ustedes deciden.
Ustedes tienen responsabilidades.
Así que menos lágrimas, menos fotografías y menos manifestaciones contra problemas que llevan años sin resolver.
Hagan su trabajo. Protejan a nuestros mayores. Y si no lo hicieron, asuman las consecuencias.
Porque Maricarmen no es el problema.
Maricarmen es el espejo.
Y lo que ese espejo está mostrando es demasiado incómodo para seguir fingiendo que no existe.
Ya está bien de cinismo.
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