La hiriente farsa de Txeroki
Las fuerzas de seguridad han comprobado que el exjefe de ETA no acude a la herboristería de Andoain, que lo contrató como coartada para justificar la aplicación del artículo 100.2
Garikoitz Aspiazu Rubina, alias 'Txeroki', fue condenado a más de 400 años de prisión por diversos asesinatos consumados o en tentativa durante su pertenencia a la banda terrorista ETA. En febrero de este año, se le concedió el acceso al tratamiento previsto por el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, que consiste en autorizar al preso a salir de prisión para cumplir un programa específico e individualizado de reinserción. En realidad, no era más que un boquete abierto por el Gobierno vasco en la cárcel del terrorista para que saliera de ella sin merecerlo. Votos por presos, fue la explicación de Arnaldo Otegi a su apoyo a Pedro Sánchez. Y así se ha cumplido.
Como hoy informa ABC, las Fuerzas de Seguridad han comprobado que Txeroki no acude a la herboristería de Andoain, que lo contrató como coartada para justificar la aplicación del artículo 100.2. Es frecuente verlo con su familia paseando por esta localidad, pero no trabajando. Es la prueba de que la excarcelación a través de esta vía excepcional fue una parodia para ocultar que se trataba del cumplimiento de un pacto político entre el sanchismo y los proetarras. En efecto, votos por presos, hasta el extremo de que Sánchez dispensa a Otegi y a EH Bildu un trato exquisito, de socio fiable y preferente. A las víctimas de ETA, Sánchez les dedica su olvido más inhumano.
La Fiscalía de la Audiencia Nacional tendría que solicitar la revocación de este beneficio penitenciario, porque es una falsedad con apariencia de legalidad.
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