Rabat quiere demostrar a la Unión Europea que España es incapaz de defender su frontera sur. Usa como arma avalanchas de gente como hizo en la Marcha Verde. Constata así nuestra irrelevancia en el asunto. ¿Y ahora qué?
Conviene recordar la advertencia histórica de Arnold J. Toynbee: el Imperio romano colapsó por tener dentro un gran "proletariado interno" y en sus fronteras un amenazante "proletariado externo". Para evitar un destino similar, la UE debe considerar que la mejor baza en su frontera sur es la contundencia. La UE no puede flaquear; debe desplegar en Ceuta y Melilla a la Eurogenfor y a la Euromarfor bajo un mando único permanente del Frontex.
Si analizamos las fronteras de la Unión Europea (Islandia, Noruega y el Reino Unido se quedan fuera), observamos una constante evolución a la necesidad de fortalecerse. Tras la entrada en la OTAN de los Estados Bálticos en 2004, el régimen totalitario de Bielorrusia instrumentaliza en 2021 una crisis migratoria con la llegada de miles de gentes engañadas en avión (en su mayoría procedentes de Oriente Medio), con el objetivo explícito de atacar a la UE con avalanchas de gente abandonada en las fronteras de Polonia, Lituania y Letonia (con resultado de cientos de muertos en los bosques helados). Luego, tras la invasión de Ucrania en 2022, entran en la OTAN: Finlandia en 2023 y Suecia en 2024. Ahora, a favor de nuestra fortaleza, tenemos que este 16 de septiembre, tras el discurso del Estado de la Unión de Ursula von der Leyen, hemos abierto la puerta a Canadá como "miembro asociado" (nuevo estatus).
¿Pero qué ocurre con el flanco sur? ¿Aprenderemos a ver la amenaza y a quién es víctima y verdugo? En suelo europeo residen millones de ciudadanos procedentes del norte de África, entre ellos tres millones de marroquíes (víctimas inocentes a respetar). Por lo que ante las sibilinas intenciones de Rabat (verdugo a despreciar), la UE debe cambiar las reglas del juego. Una estrategia sería que España ofreciese a los saharauis (con nacionalidad española) el ingreso en la academia de la Guardia Civil para integrarse como guardias civiles en la Eurogenfor con la misión de proteger la frontera sur, o bien integrarlos en los "Regulares de Melilla" como un regimiento especial idóneo para defender los intereses europeos en zonas desérticas dada su experiencia de años y conocimiento del terreno. Ambas serían fuerzas disuasorias de la UE en la frontera sur africana (Ceuta y Melilla).
Este sería un mensaje que Rabat sabría entender; no le gustaría, pero tampoco nos gusta a los europeos que se usen avalanchas de gente como arma de ataque. La Historia está para aprender de ella y usar bien tal aprendizaje.
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