sábado, 4 de abril de 2026

EL CAMINO MAS CORTO PARA ACABAR CON UNA VIDA.

 Hay casos dramáticos que son un hito social, para bien o para mal. Ya es uno de ellos el asesinato de Noelia Castillo Ramos. Y digo asesinato no tanto por la forma en que se produjo su muerte: eufemísticamente, "suicidio asistido", y más eufemísticamente aún, "eutanasia"; digo, es más un asesinato de toda una sociedad injusta, que la precipitó a pedir que le facilitaran la muerte. ¿Cómo llegó a ese estado Noelia, en plena vitalidad de su juventud? Pues después de sufrir la miseria de la pobreza, la marginación de vivir en un centro de acogida después del divorcio de sus padres, y el trauma casi imborrable de una violación masiva, probablemente en la misma casa de acogida y por un sector marginal de muchachos (probablemente árabes) que viven más cerca de una cultura primitiva que de una cultura que hunde sus raíces en los orígenes filosóficos griegos, el derecho romano y la moral cristiana... Pero esta misma cultura greco-latina-cristiana, al perder su esencia se está pudriendo ética, moral, judicial, económica, política y socialmente... Y es que, se están perdiendo del todo las raíces cristianas, que son la sal que adereza esta combinación que dio lugar al mayor esplendor de una cultura jamás visto hasta ahora. Y es que "vosotros sois la sal de la Tierra, pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará? Ya no sirve para nada, sino para desecharla y que la pisoteen" (Mateo 5:13-16). Y es que muchos tachan a los cristianos (sobre todo a la Iglesia Católica) de cobardes, de haber perdido su don evangélico; pero a estos hay que recordarles que no hace tanto (sobre todo en España) todos éramos cristianos, por no decir católicos. ¿Qué ha pasado para que perdiésemos estas raíces vitales? Todos somos culpables de ello. Los ancianos, por no saber transmitir nuestra fe. Los jóvenes, por no buscarla con ahínco. Sobre todos nosotros pesa hoy la muerte de Noelia. Por haber creado, o permitir que se crease, una sociedad tan injusta. Incapaz de terminar con la marginación económica y la pobreza, y la delincuencia que esta genera. Ni de facilitar a sus víctimas la asistencia sanitaria que precisa, p.ej. la psicológica, y la integración social. Esta sociedad descristianizada puede facilitar a las personas la muerte. ¡Pero es incapaz de preparar a nuestros jóvenes para la vida!

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