domingo, 1 de febrero de 2026

LOS CURAS DE ANTES.

 En 1977 me ordené de cura, el mismo año que lo hicieron 6 compañeros y amigos míos, con los que compartí experiencias entrañables e inolvidables durante el tiempo que convivimos en los años de formación en el seminario de Oviedo. Además de con ellos, el compañerismo y, en bastantes casos, la amistad se hizo extensiva a otras personas próximas en cursos superiores e inferiores al nuestro, así como a profesores y formadores que en aquella época tenían encomendada esa función diocesana. Más adelante, ejerciendo ya de cura, tuve ocasión de aumentar esos vínculos de afecto con otros compañeros, bien por proximidad geográfica o por participar en tareas eclesiásticas comunes.

Aunque yo hace muchos años que no ejerzo como cura, me tomo el atrevimiento de dirigir esta carta abierta al entorno de personas que conformábamos aquella, un poco elástica, generación y con bastantes de las cuales aún mantengo una relación afectuosa, convencido de que en aquellos ya lejanos tiempos la mayoría de vosotros teníais una visión de la sociedad y una esperanza de hacia donde debía caminar la Iglesia muy parecida a la mía. Bien es verdad que, sumidos como estábamos en la transición de una dictadura a la democracia, era una época en la que en nuestro país soplaban aires de libertad, aires que también ventilaron las sacristías, los seminarios y algunos palacios episcopales.

En lo que se refiere a la sociedad esperábamos libertad, justicia, que el estado de bienestar alcanzase a todos y a todas y que se redujesen las brechas económicas. Ni se nos pasaba por la imaginación pertenecer a alianzas internacionales para la defensa, así como era impensable que en un futuro se pudiese discriminar a alguien por ser de otra raza o credo religioso.

Deseábamos que en la Iglesia también se acelerara la transición que tímidamente estaba ya sucediendo desde mediados de la década de los sesenta, después de la finalización del Concilio Vaticano II. Soñábamos una Iglesia en la que fueran desapareciendo las diferencias entre curas y laicos, con la incorporación de aquellos al mundo laboral y familiar normal y que en los laicos fuesen aumentando progresivamente la participación y las responsabilidades en todo lo referente al culto y a la organización parroquial y eclesial. Esperábamos una Iglesia cercana al mundo del trabajo y defensora, como Jesús, de los oprimidos, maltratados y empobrecidos. Una Iglesia profética que, también como Jesús, denunciara las causas y a los causantes de la opresión el maltrato y la pobreza. Enseguida la realidad se encargó de despertarnos de nuestras ensoñaciones políticas y eclesiales. No quiero insinuar que vosotros hayáis renunciado a ser fieles a estas ideas, seguramente que desde vuestros destinos, en mayor o en menor medida, intentáis llevarlas a la práctica.

Pero yo, como muchos cristianos de a pie, creo que la Iglesia, desde los inicios de la década de los ochenta, ha tomado una acelerada e imparable deriva involucionista que en Asturias, en nuestro días, se exhibe ostentosamente en la figura del Arzobispo Jesús Sanz Montes y vuestro presunto compromiso con las causas de los más vulnerables o vulnerados, queda eclipsado por las continuas salidas de tono del obispo que os preside, que se mueve dentro de un relato coincidente con el de los sectores más ultraderechistas de la política española

Además sus delirantes manifestaciones son expresadas con una soberbia y falta de educación impropias de un cristiano. Traigo esto a colación, por la evidente falta de respeto que muestras hacia personas con cargos institucionales, así como la descortesía con los dirigentes políticos de nuestra comunidad, que tuvieron que aguantar, año tras año, broncas, sin derecho a réplica, en las misas del día de Asturias, en Covadonga, en una celebración en la que debería de primar la buena educación, la cordialidad y el esfuerzo por estrechar lazos de cooperación.

Que un obispo sea de derechas entra dentro de lo normal, lo raro es que hubiera alguno de izquierdas, así que ninguna objeción a una opción, por otra parte compartida con muchos españoles y asturianos, ninguna objeción siquiera a que bendiga todas la propuestas de la oposición, que todo lo hace superbién, ni tampoco a que critique, eso si, con virulencia extrema, todas la leyes que propone el gobierno (legítimo, mal que le pese), que todo lo hace requetemal, aunque esto ofenda a miles de cristianos, incluidos curas y monjas, que votan a partidos de izquierda, pero alinearse tan descaradamente con las principales tesis de un partido ultraderechista que añora la dictadura y que promueve conductas machistas, xenófobas, homófobas y racistas significa desmarcarse, sin vergüenza alguna, de la propia doctrina de Jesús.

Y sabéis que esto esto no es hablar por hablar, no son invenciones que se sueltan a la ligera, "con malas mañas, jaleadas en ruedas de prensa o en cartas abiertas con vaselina protocolaria (???) desde el conocido género tan manido del fango ultraderechista de marras", según expresaba el propio fray Jesús, quejosamente, en una de sus incendiarias homilías en Covadonga, porque a este obispo, que reparte estopa, jamás a diestro, siempre a siniestro, le disgusta que lo critiquen.

A modo de ejemplo de estas desatinadas ocurrencias, ahí están su trivialización de comportamientos machistas, recuérdese la pretendidamente ingeniosa "leyenda del beso", equiparar a todos los profesantes de la doctrina islámica con grupos aislados terroristas que asesinan cristianos, llamar despectivamente "moritos" a los pertenecientes a una determinada raza, referirse a la masacre genocida de Israel contra el pueblo palestino como un "rifirrafe", acusar a toda una misión humanitaria de ayuda al pueblo de Gaza, tan simbólica como necesaria, como fue la Global Sumud Flotilla, de estar patrocinada y subvencionada por ideologías sospechosas y, la última patochada facha (contraria incluso a la opinión de la Conferencia Episcopal, que no es precisamente una referencia de progresía) "no se puede acoger a todos los inmigrantes, todos no caben, hay que descartar a los que extrañamente se nos cuelan".

Había una canción en la ópera "El Diluvio que viene" que decía: "Un nuevo sitio disponed para un amigo más, un poquitín que os estrechéis y se podrá sentar..." que a don Jesús le sonará a perfecta estupidez. Pero la cuestión es que aquí hay sitio de sobra, incluso para quienes piensan como él, y, si se nos "cuelan" algunos indeseables, nunca serán tantos como los autóctonos que, desgraciadamente, ya tenemos entre nosotros y los padecemos desde siempre.

Estáis gobernados por un obispo ultraderechista que es la antítesis de todo aquello que deseábamos para la Iglesia en aquellos esperanzadores años, que, con bastante frecuencia, hace manifestaciones anticristianas y vuestro preocupante silencio os hace parecer complacientes con su discurso. Porque llama la atención que no haya alguno o algunos entre vosotros que, individualmente o como grupo, no se pronuncie públicamente en contra de los exabruptos antievangélicos del obispo. Quizás, algunos no habláis porque estáis de acuerdo con sus ideas, pero los más pienso que no: no podéis haber cambiado tanto. Es verdad que el tiempo, y sobre todo la edad, en demasiadas ocasiones, hacen estragos sobre las ideas progresistas (esta sección es testigo de ello), pero la vigencia del Evangelio de Jesús sigue siendo la misma. También podría ser que vuestro silencio se deba a que penséis que no es para tanto, o a la desidia, o al temor a posibles represalias en forma de nombramientos indeseados, o a una insana subordinación hacia una persona con poder, a pesar de que sus disparatadas manifestaciones, impropias de un cristiano, evidencien su escasa autoridad moral.

Por último, debéis saber que muchos cristianos y cristianas estamos esperando que digáis algo, aunque sea con menos acritud que la que usamos otros. Estamos deseando constatar que parte del clero asturiano y organizaciones de Iglesia que trabajan con personas marginadas e inmigrantes se desmarcan públicamente de las opiniones tan inapropiadas del arzobispo Jesús Sanz.

En fin, nos queda esa esperanza. Afectuosamente.

Un cristiano de base.

No hay comentarios:

Publicar un comentario