jueves, 1 de enero de 2026

UNA LECCIÓN DE HISTORIA.

 Como muchos saben, Isabel la Católica nació en Madrigal de las Altas Torres (Ávila), en 1451, y falleció en Medina del Campo (Valladolid), en 1504. Antes de fallecer, dejó advertidos a Colón y a los que viajaran después de él (Hernán Cortés, Pizarro, Almagro…) de que no tratasen a los habitantes de aquellas tierras como esclavos. Fue el primer paso para el reconocimiento de los Derechos Humanos. No actuaron como Inglaterra, Francia, Holanda o Bélgica (léase “El sueño del Celta”, de Vargas Llosa), que dejaron huella allá donde pisaban. Son también muchos los que saben que se casó con su primo Fernando II de Aragón, que nació en Sos del Rey (Zaragoza), en 1452, y falleció en Madrigal (Cáceres) en 1516. A pesar de su juventud, eran valientes, determinados y decididos. Los que lean esta carta también sabrán que sobre las cumbres del Aramo cuelgan cuatro trapos descoloridos que sueñan con ser albos. Son testimoniales y "sostenibles", para que los astures que peinan canas (no son "viejos", por razones eufónicas, sino "mayores", que suena mejor) recuerden que sigue existiendo el color cándido de la nieve sobre la que los guajes, cuando iban a la escuela, dejaban las huellas de las madreñas, adornadas con sonoros ferrotes, clavados en los tres tacones de madera de castaño que calzaban.

¿Para qué este preludio? Para nada, quiere ser una lección de Historia. Pues resulta que esta mujer de armas tomar parece que regaló a los "del culo moyáu" la gripe aviar, como se lee en LA NUEVA ESPAÑA del día 25 del pasado noviembre: "Un laboratorio de Madrid analizará el foco de gripe aviar de Isabel la Católica". ¡Increíble! ¡Imposible! ¡La gripe aviar de la reina! Leí varias veces el título del artículo. No había duda: esta enfermedad de les pites había sido importada al Principado desde Madrigal de las Altas Torres nada más y nada menos que por la conquistadora de Granada. Las víctimas fueron "dos ocas y un cisne". Lo de las ocas es lo de menos. Al fin, son aves patosas de andar por casa. Otra cosa es el cisne: coqueto, elegante, exquisito, apuesto, empático, gafas negras, pico anaranjado, paso de modelo y cuello barnizado de brillo. Se lo rifan las aguas de los lagos y los jardines. El compositor galo Camilo Saint-Saëns, por si acaso, lo guardó entre líneas y espacios de vibraciones de arcos de violonchelo y teclas marfileñas de piano, afinado en sol mayor, todo para darle vida perdurable "sí o sí". Sería milagro si no acusaran también a la reina Isabel de haber ocasionado la peste de viruela que invadió América y curaron Francisco Javier Balmis e Isabel Zendal.

Lo correcto, según la Gramática, es: "Un laboratorio de Madrid analizará el foco de gripe aviar del Parque 'Isabel la Católica'". Se hubieran evitado sonrisas de boca torcida y comentarios despectivos. Las redacciones de los diarios solían tener un "Libro de estilo" que servía de orientación en caso de duda. Las correcciones intentan evitar que cualquier error de gramática tenga un resultado negativo que altere el significado de un enunciado. Lo mejor es dudar y luego trasladar la duda a la Gramática. Lo peor viene cuando no se duda por estar seguro de que lo que se escribe está bien.

O sea, que la reina católica ni llevó la viruela a América ni regaló a los "playos" el bicho de la gripe aviar.

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