jueves, 22 de enero de 2026

GRACIAS MINISTRO POR TOMARNOS POR IDIOTAS

 "Me complace informarle", así da comienzo la carta del Ministerio que he recibido. Hay que tener un cinismo de piedra y la cara de cemento armado para usar esa frase al comunicarme una subida de 29 míseros euros netos al mes. ¿De qué se complacen exactamente? ¿De que ahora puedo permitirme el "lujo" de comprar tres docenas de huevos más al mes? ¿Se complacen de que su limosna no cubra ni el sablazo del último recibo de la luz o el gas? Mientras este país amanece cada día con un nuevo titular sobre tramas de corrupción, mordidas y dinero público que se esfuma en bolsillos particulares, me despachan con una subida de 90 céntimos al día.

Vamos a ver, tengan la decencia de bajar a la calle y mirar los precios antes de redactar sus panfletos de propaganda. En la panadería de mi barrio, esa "generosa" subida diaria no da ni para comprar una triste barra de pan. Esa es la medida real de su éxito, me han "revalorizado" la vida con menos de lo que cuesta el alimento más básico. Mientras ustedes desayunan en despachos con moqueta pagados con mis impuestos, mi subida se queda corta antes de llegar al mostrador de la esquina.

Pero, claro, esta limosna se basa en la gran mentira oficial, ese IPC que dice que el coste de la vida en 2025 solo ha subido un 2,7%.

Es una noticia fantástica, verdaderamente conmovedora, que solo tiene un pequeño inconveniente: no hay quien se la crea si tienes la manía de comer todos los días.

Me muero de curiosidad por conocer a ese ciudadano modelo en el que se basan para hacer el cálculo. Ese "consumidor promedio" debe de ser de una "entidad" de luz que no necesita aceite de oliva, que vive en una casa que se calienta con el pensamiento y que, probablemente, se alimenta de televisores de plasma o drones, que deben de ser las únicas cosas que no suben de precio. Es la magia de la estadística: si tú te comes dos pollos y yo ninguno y, según el IPC, hemos cenado un pollo cada uno.

Pero aquí entra la segunda parte de la estafa que es la ingeniería fiscal. Ese numerito del 2,7% no es una medida de la realidad, es un sedante para que no protestemos mientras el Estado nos aplica un juego de trileros. Nos dan una migaja con una mano mientras nos quitan el pan con la otra. Al subir el bruto de la pensión, Hacienda nos sube automáticamente el tramo del IRPF. Es un juego de trileros perfectamente diseñado para que el dinero nunca salga de sus arcas, y, así, lo que sale de la Seguridad Social vuelve a entrar por la Agencia Tributaria para seguir alimentando su maquinaria. Es una subida fantasma.

No me extraña que un abogado internacional de la talla de Robert Amsterdam (abogado canadiense defensor de derechos humanos y azote de regímenes autoritarios) haya denunciado a la Agencia Tributaria española ante la ONU y la OCDE. Amsterdam no se anda con chiquitas y califica a Hacienda directamente de "mafia" y denuncia un "régimen de terror" contra el ciudadano de a pie. Los llama "carteristas" que actúan con la impunidad de quien se sabe protegido por el sistema, mientras premia, para tapar los agujeros de su gestión y sus escándalos, a sus inspectores con bonus millonarios por exprimir a los de siempre, a los que no tienen ingeniería fiscal para esconderse. Se han cargado la presunción de inocencia para convertirnos en sospechosos habituales a los que hay que saquear.

Llamar a esto "revalorización" es un insulto a la inteligencia; llamarlo "complacencia" es escupir en la cara de una generación entera. Mientras este país se desangra con tramas de mordidas y dinero público que vuela en Falcon; mientras ellos se suben sus sueldos blindados y se reparten prebendas, a nosotros nos mandan una carta de propaganda perfumada para darnos 90 céntimos al día.

A mí no me complace que me tomen por idiota. Me indigna que, tras trabajar y cotizar más de cuarenta años para levantar este país, al final del camino, el Estado me dispense una limosna que no cubre ni el pan del día y me traten como a un mendigo que debe dar las gracias por las sobras. Ustedes no gestionan recursos, gestionan el desprecio hacia quienes levantamos este país. Guárdense su complacencia y métanse sus cartas perfumadas, sin disimulo, por el... lado estrecho de su ley del embudo. El contrato social que yo cumplí con creces ustedes lo están usando para envolver el pan que yo ya no puedo comprar.

Menos literatura barata, menos incentivos para saquearnos y más decencia pública con los que ya cumplimos nuestra parte del contrato. Si esto es lo que entienden por proteger a los mayores, es que no solo han perdido la memoria, es que han perdido el último gramo de vergüenza que les quedaba.

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