domingo, 24 de mayo de 2026

RESPETEN LA JUSTICIA

 Desde hace meses asisto con gran preocupación a la estrategia de los más altos representantes del Gobierno, y también de sus adláteres parlamentarios, consistente en el ataque desenfrenado al Poder Judicial. Primero fue contra el polémico juez que investiga a la mujer del Presidente, después contra la jueza que investiga a su hermano, más tarde contra el Tribunal Supremo por la condena al entonces fiscal general, y ahora contra el juez Calama de la Audiencia Nacional por Zapatero.

Que la portavoz del PSOE y la secretaría de organización de un partido que se dice de Estado y que ha sido uno de los pilares del proceso democrático en España pongan en duda la imparcialidad de la Justicia en general y de un juez de la Audiencia Nacional en particular es, con la imputación de un expresidente, lo más pernicioso a lo que ha tenido que hacer frente estos días la democracia española.

Es cierto que, sin ser el expresidente, probablemente, el hombre que más haya ayudado al mantenimiento del respeto y la tolerancia en este país, el más cauto en todo esto probablemente haya sido él, Zapatero, que, tras leer un pulcramente detallado auto, ha mostrado su "disposición a colaborar con la justicia" justo antes de negarlo todo. Ayer, el Gobierno y sus socios, siguiendo la estela de su "líder moral", rebajaron el tono y mostraron "todo su apoyo" a Zapatero procurando no atacar al juez. Un hecho tristemente destacable.

Quien escribe estas palabras es un joven de 20 años que no vivió políticamente maduro el mandato de Zapatero, pero que sí ha vivido el de Sánchez, que sí vive el deterioro de la tolerancia, del respeto por el que piensa diferente, de los elementos implícitos o tácitos que sostienen una democracia, del auge de los extremismos, y de la pretendida pérdida de confianza en la Justicia sembrada por algunos. Porque si los jóvenes, los mayores y los no tan mayores no creemos en la Justicia, ¿en qué vamos a creer entonces? Si un político nos dice que el juez que investiga su corrupción o la de los suyos lo va a condenar injustamente por motivos políticos y alguien lo cree, ¿Dónde queda su responsabilidad? ¿Dónde queda la justicia? ¿Y la separación de poderes? ¿Y la democracia? Y, en definitiva, ¿Dónde quedan las libertades? Afortunadamente, quedan instituciones como la UDEF, la Fiscalía Anticorrupción o la Audiencia Nacional, entre muchas otras, que velan por que los delitos no queden impunes. Pero la tarea más importante es la nuestra, la de los ciudadanos, la de informarnos bien y no caer en la trampa de quien pretende mantener su poder "sine die".

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