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miércoles, 8 de enero de 2020

YA CASI NO HAY SANIDAD PÚBLICA

EL PENSADOR
 
BUENA PARA MORIR MÁS Y MEJOR.
Todos pueden comprobar cualquier día que les toque pasar por Urgencias, estar ingresado o visitar y acompañar familiares; verán médicos demasiado jóvenes afrontando los retos de muy diferentes situaciones que se encontrarán cada día.
Si a esos médicos les haces trabajar turnos de guardia de 24 horas, no estaremos ante un médico novel, joven y con menos experiencia, estaremos ante un “peligro”, un inexperto rebosado; salvando situaciones casi siempre por la responsabilidad de estos (que, aunque jóvenes, tienen ilusión de conseguir ser buenos profesionales), que, aunque no lo parezca, los otros, los veteranos, están situados en cuarteles menos conflictivos, nadie los ve, salvo esos grandes especialistas que en su ramo tratan cada día de disminuir listas y paliar la dejadez de quien gestiona políticamente enchufando y colocando amiguetes de jefes.
¿Por qué hay especialidades como Digestivo que, siendo tan complicada y diversa su labor, añadiendo la multitud de pacientes que pasan por sus manos, logran tener unas listas de espera razonables y estar contentos los enfermos con el servicio prestado, mientras otras, con menos peso y magnitud, cada vez es más complicado entender y comprender tanta dejadez? Es más, ahora, hasta para el médico de cabecera tienes días de espera. Vamos para atrás.
En Urgencias recibe a los pacientes una doctora joven que, mientras pregunta, ya está pegando pegatinas y distribuyendo el destino del sujeto en cuestión; te echa antes de entrar, no sé para qué pregunta. Se puede ser rápida y efectiva al mismo tiempo. El paciente no es una persona que sienta ser escuchado, es uno más de los cientos de cada día que pasan por allí. De ser un médico veterano, nada más ver y oír, ya sabría en la mayoría de ocasiones ante qué caso se encuentra, el joven está simple y llanamente como en una cadena de una fábrica del dolor, cumple el papel, fija y da esplendor a su encomiendo, que no es otro que ir despachando pesados y quejicas con sus familiares de sobrecargo.
Por Urgencias, es raro ver como antaño a especialistas veteranos, esos que a un simple vistazo resolvían situaciones que estos impúberes necesitan horas y asesoramientos para tomar determinaciones. Así, nos encontramos con enfermos muy mayores sentados a veces más de diez horas en sillas incómodas en medio de salas repletas que aguantan como cosacos tanto desconcierto y aturullamiento. No entiendo esas guardias de 24 horas, que, aunque se les permita comer, descansar e incluso dormir por ratitos en el hospital, cuando despiertan, desorientados y cansados, no están en las mejores condiciones para resolver los problemas de los pacientes. Están para irse a dormir a su casa. No es un juego, están en sus manos vidas humanas.
La experiencia es un grado siempre. Es cierto, aprenderán a base de tiempo, pero me temo que algo no cuadra ni funciona en esta que dicen mejor sanidad del mundo. Sí creo que es la mejor valorada hasta hace unos años, pero, desde aquella huelga y la crisis, las listas de espera se están haciendo y convirtiendo en desesperantes. Falta personal; además, el existente no está bien distribuido, muchas especialidades están rebosadas no solo de espera y pacientes, también de pachorra por parte de las gerencias y mandos que no ponen remedio a tanta dejadez. No es posible aceptar y no decir nada ante meses de espera para consultas, pruebas, resultados y operaciones.
Si no vamos entre todos diciendo estas cosas, me temo que llegará un día que, sin darnos cuenta, hayamos destruido nuestra sanidad pública. Como pasó con todos nuestros derechos y libertades cuando la crisis, con esa justificación, llegó Rajoy y de un plumazo nos retrajo a muchos años atrás. Ahora trabajamos y el sueldo no nos llega. Ahora no hay obra pública, no hay inversión, no hay subvenciones, no hay vivienda pública... la luz está por las nubes, se pasa frío en casa, no hay posibilidades, los jóvenes se van fuera en busca de futuro, las pensiones están siendo cuestionadas, la investigación negada... paro y salarios de miseria. Qué decir de la censura de todo tipo. Si hasta los políticos hablan más de tiempos pasados que de mejorar lo presente.

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