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lunes, 13 de enero de 2020

UN LIBRO FIRMADO POR BENEDICTO XVI Y EL CARDENAL SARAH SE OPONE A LA ORDENACIÓN SACERDOTAL DE PERSONAS CASADAS

Benedicto XVI y el Papa Francisco, en una imagen de diciembre de 2018

Un libro firmado por Benedicto XVI y el cardenal Sarah se opone a la ordenación sacerdotal de personas casadas

Hace meses que el Papa emérito no está en condiciones de escribir y apenas de hablar.

Un breve libro firmado por Benedicto XVI y el cardenal Robert Sarah lanza un ataque frontal contra la propuesta de ordenar sacerdotes a diáconos casados, exclusivamente para el territorio amazónico, formulada al Papa Francisco por el Sínodo de Amazonia el pasado mes de octubre.
El librito saldrá a la venta próximamente en Francia pero algunas frases han sido anticipadas por «Le Figaro» el domingo por la noche a cuarenta corresponsales en el Vaticano, en una maniobra que recuerda el lanzamiento mundial del manifiesto del ex nuncio en Estados Unidos Carlo Maria Viganò en agosto de 2019, en el que pedía la dimisión del Papa Francisco sobre bases absolutamente falsas.
El libro de 175 páginas, titulado «Desde lo profundo de nuestros corazones», no solo ha pillado por sorpresa al Vaticano sino que resulta muy desconcertante pues desde hace más de seis meses Benedicto XVI no esta en condiciones de escribir y apenas de hablar como han constatado personas que le visitan.


Aunque es posible que mantenga la extraordinaria lucidez mental que le ha caracterizado toda la vida, las conversaciones, imprecisas, no suelen pasar de los diez minutos.
El texto supuestamente conjunto del Papa emérito y el cardenal guineano Robert Sarah, prefecto de la Liturgia y uno de los principales opositores a Francisco, mezcla sus ataques al «sínodo relatado en los medios» y al sínodo real, pues esa propuesta fue votada por mas de dos tercios de los obispos participantes en la reunión de octubre.
El texto atribuido a Benedicto XVI afirma que «de la celebración diaria de la Eucaristía, que implica un estado permanente de servicio a Dios, nace espontáneamente la imposibilidad de un lazo matrimonial». El cardenal Sarah habla incluso de “sacerdotes de segunda clase”.
Pero la realidad histórica es que siempre ha habido sacerdotes casados, del mismo modo que continúa habiéndolos en las Iglesias ortodoxas y también en las 23 Iglesias católicas de rito oriental. Tan solo se exige celibato a los obispos. En la Iglesia católica antigua hubo algunos obispos y papas casados, de modo similar a la actual Iglesia anglicana, cuyo primado, Justin Welby, es además, padre de familia.
La introducción de los sacerdotes casados en la Iglesia latina fue llevada a cabo por Benedicto XVI en 2009 con la constitución apostólica que crea los ordinariatos para sacerdotes y fieles anglicanos que desean sumarse a la Iglesia católica manteniendo su rito y su tradición.
No significó la abolición del celibato —que es una llamada de Dios, como la de los religiosos, imposible de abolir— sino solo una excepción muy localizada como la que el Sínodo propuso exclusivamente para Amazonia y limitada a la ordenación de hombres casados indígenas que son ya diáconos permanentes.

Oposición a abolir el celibato

En varias ocasiones el Papa Francisco ha reiterado su firme oposición a abolir el celibato, aunque reconoce la posibilidad de alguna excepción como la que ya hizo Benedicto XVI.
En medios vaticanos se multiplican las preguntas sobre el papel jugado por el secretario personal de Benedicto XVI y prefecto de la casa pontificia, Georg Gaenswein, quien no esconde su simpatía por sectores conservadores a veces hostiles a Francisco.
Pero, sobre todo, se considera que una intervención de esta envergadura por parte del Papa emérito y de un prefecto del Vaticano es una falta de respeto a las iglesias orientales, al Sínodo de Obispos, que deliberó a fondo sobre el tema, y al Papa Francisco, a quien corresponde la decisión final en conciencia y libre de las presiones mediáticas que los propios autores del libro denuncian pero a la vez practican con este lanzamiento.
Los vaticanistas franceses hicieron notar enseguida que el 13 de enero es la fiesta de San Hilario de Poitiers (315-367), obispo de esa ciudad y doctor de la Iglesia.
Hilario era un noble local, estudioso de filosofía que se convirtió al cristianismo cuando estaba ya casado y tenia una hija. Disfrutaba de tal prestigio que el pueblo lo aclamó obispo poco después de su bautismo. Fue un heroico defensor de la fe a través de numerosos libros, sufrió destierro por el emperador Constancio II, y protegió a Martin de Tours, otro gran santo de las Galias.
En medios vaticanos se considera que un manifiesto de esta envergadura no solo pone en dificultad a Francisco sino que puede empañar la etapa final de Benedicto XVI, quien no solo parece haber roto su promesa de no intervenir en los asuntos de su sucesor sino también las indicaciones generales muy explícitas en ese sentido para los obispos eméritos.
Aún así, la primera reacción pública del Vaticano, a cargo del director editorial del departamento de Comunicación, Andrea Tornielli, ha sido minimizar el alcance del gesto, subrayar que ambos autores se declaran obispos «en filial obediencia a Francisco», y reiterar que el Papa se ha manifestado de modo rotundo a favor del celibato.
Poco después, el director de la Oficina de Prensa, Matteo Bruni, recordaba que en enero de 2019, al regreso de Panamá, el Santo Padre manifestó que «me viene a la memoria una frase de San Pablo VI: ‘Prefiero dar la vida antes que cambiar la ley del celibato’» y “pienso que el celibato sea un don para la Iglesia. Yo no estoy de acuerdo con permitir el celibato opcional, no. Existe solo alguna posibilidad en las localidades más remotas -pienso en las islas del Pacífico- (…) cuando haya necesidad pastoral, pues el pastor debe pensar en los fieles».
Matteo Bruni recordaba también que en la sesión final del Sínodo de Amazonia, el pasado 26 de octubre, el Papa dijo: «A mí me iluminó mucho, no caer prisioneros de estos grupos selectivos que del Sínodo van a querer ver qué se decidió sobre este punto intraeclesiástico o sobre este otro, y van a negar el cuerpo del Sínodo que son los diagnósticos que hemos hecho en las cuatro dimensiones (pastoral, cultural, social y ecológica)».
LA IGLESIA O SE RENUEVA O MUERE.

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