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lunes, 30 de septiembre de 2019

EL FIN DEL CELIBATO REVOLUCIÓN CATÓLICA QUE SE INICIA EN LA AMAZONIA.

El fin del celibato, la revolución católica que se inicia en la Amazonia.


El Papa convoca a los obispos de la región y a expertos para debatir este octubre en Roma sobre la ordenación de curas casados y cómo proteger el ecosistema y a sus moradores.

Ninguno de ellos tiene aspecto de revolucionario, pero sí vocación. Son parejas felizmente casadas a las que sus hijos han hecho abuelos. Una maestra jubilada indígena piratapuia, María Ana Albuquerque, que durante años viajó en lancha a aisladas aldeas de la Amazonia brasileña para dar catequesis y llevar la comunión a feligreses que solo ven al cura de año en año o, en el mejor de los casos, cada varios meses. Fieles entregados como Denis Gama da Silva, 41 años, indígena tucano, padre de familia, que se gana la vida como guarda de seguridad y hace una década asume infinidad de tareas eclesiásticas e incluso, cuando no hay sacerdote, oficiar lo más cercano a una misa que las normas le permiten. O Socorro Oliveira, de 54 años, casada con un diácono permanente, lo más similar a un cura católico. La principal diferencia es que él no puede dar la eucaristía, la extremaunción ni confesar. Todos gozan de la confianza de sus obispos y de sus comunidades pero reclaman al Vaticano que vaya más allá.
Los católicos de la Amazonia han logrado que el Vaticano debata oficialmente una propuesta para ordenar a hombres casados como sacerdotes; y a mujeres como diáconas. Recogieron el guante del Papa cuando convocó a sus obispos a un sínodo y les pidió propuestas “valientes e innovadoras” para proteger la naturaleza y a los moradores de este territorio inmenso, de parroquia dispersa, falto de curas y de vocaciones, y terreno fértil para los evangélicos. La cita es este octubre en el sínodo de la Amazonia, que se celebra a 9.000 kilómetros de aquí, en Roma.
Si Francisco bendice la propuesta, sería un paso con potencial revolucionario porque significaría el fin del monopolio del celibato adoptado hace un milenio en la Iglesia católica, apostólica y romana. El sínodo, en el que el Pontífice y los obispos amazónicos también debatirán sobre cómo proteger a las poblaciones nativas y este riquísimo conjunto de ecosistemas, tiene tan ocupados como esperanzados a los católicos brasileños. Las asambleas preparatorias se suceden hace meses. Una de las últimas fue en Manaos, una de las ciudades más peligrosas de Brasil, que sin embargo tiene un espectacular teatro de ópera herencia del esplendor del caucho. Incrustada en un paisaje de tupida vegetación y sinuosos ríos, aquí las carreteras asfaltadas son una rareza y el ferrocarril, inexistente. Se viaja en barco.
Antes de partir para Roma, el obispo de São Gabriel da Cachoeira, Edson Damián, de 71 años, detalla durante la reunión de Manaos a quiénes tiene en mente esta propuesta. “Son esos líderes que están al frente de comunidades aisladas, que celebran hace mucho tiempo la palabra, que transmiten la catequesis… Queremos que con la formación debida puedan ser ordenados padres y que la eucaristía esté presente en vez de negarla como ahora”. El documento de trabajo del sínodo, fruto de un largo proceso asambleario en el que han participado 87.000 personas de los nueve países por los que se extiende la región, precisa que esos nuevos curas deberían ser “preferentemente indígenas”, “aunque tengan familia constituida”. Se trata de que los sacerdotes vivan con sus feligreses en las aldeas más aisladas, donde ahora van en esporádicas y fugaces visitas.
No en todos los ritos católicos es sacrosanto el celibato. Ni lo fue siempre en la Iglesia de Roma. “Sería rescatar lo que funcionó durante 1.100 años”, dice por teléfono desde Cruzeiro do Sul, otra diócesis amazónica, su obispo, Flavio Giovenale. Es más, recalca este religioso nacido en Italia, solo dos o tres de las 23 ramas del catolicismo no tienen curas casados. A los maronitas de Líbano o los coptos de Egipto el matrimonio no les aparta del sacerdocio. Subraya que también hubo diáconas. Fue siglos antes del descubrimiento de América, adonde los misioneros católicos llegaron de la mano de los conquistadores en 1500. Lo primero que hicieron los portugueses al pisar lo que sería Brasil fue celebrar misa.
El obispo Damián deja claro que, de prosperar, los curas casados serían solo para la Amazonia. Entre los jerarcas y fieles de la Iglesia de Brasil —la mayor del mundo aunque en declive, son el 62% de la población— nadie menciona que sus contrapartes alemanes —la Iglesia más rica del mundo— han decidido debatir sobre el celibato, la ordenación de mujeres y la homosexualidad pese a la oposición vaticana.
La actual coyuntura —con la emergencia climática en el centro de la agenda pública y un presidente ultraderechista en Brasil— ha dado una relevancia política inesperada al sínodo convocado en 2017 por este Papa ecologista para analizar cómo preservar el bosque tropical, a sus habitantes y el catolicismo en un territorio donde las muy dinámicas iglesias evangélicas e intereses económicos depredadores —adjetivo que repite la Iglesia— avanzan veloces.
El obispo de São Gabriel da Cachoeira, Edson Damián.
El obispo de São Gabriel da Cachoeira, Edson Damián.
El presidente Jair Bolsonaro, que considera a la Iglesia católica un peligro para la soberanía nacional, ha ordenado al espionaje interno que vigile sus actividades en la Amazonia. “La Iglesia no es masonería, no tenemos nada que esconder, que vengan a ver. Nos gustaría que todas las instituciones participaran de la defensa de los pueblos más frágiles y de la Amazonia”, proclama Damián. Muchos indígenas brasileños como Da Silva confían en que el Papa interceda por ellos. “Necesitamos que nos defienda porque nos están quitando nuestros derechos y nuestras tierras. Y a las ONG les preocupa la naturaleza, no las personas que viven en ella”.
El marido de Oliveira, Afonso Brito, 54 años, fue uno de los primeros hombres casados ordenados diáconos permanentes en la Amazonia. Suman 418 ahora. Ella le acompaña desde el inicio. “Es nuestro intento de poblar espacios donde no existe un padre oficial”, dice él. Ambos hacen trabajo pastoral pero, como explica Oliveira, el Vaticano no los trata igual: “Nos formamos juntos, pero a mí no me impusieron las manos. Aunque el obispo dice que yo automáticamente lo soy también”, añade entre risas. Si Francisco aceptara ordenar diáconas, poco cambiaría en la rutina de estas mujeres. Se trata de oficializar lo que ya hacen.
El teatro de la ópera de Manaos, inagurado en 1896, este septiembre.
El teatro de la ópera de Manaos, inagurado en 1896, este septiembre.
Como las vocaciones son insuficientes en esta tierra con numerosos obispos llegados de Europa hace décadas, sumar a padres de familia y a mujeres se vislumbra como una solución. “Sería un cambio muy necesario porque tenemos realidades muy desatendidas”, explica la socióloga Marcia Oliveira desde Boa Vista, también en la Amazonia brasileña. “La Iglesia ha perdido en 30 años la mitad de lo conquistado en 500 años de evangelización”, sostiene esta catedrática que participará en el sínodo como experta. “O cambia sus métodos y legitima a las personas que acompañan a los fieles o va a seguir perdiendo mucho espacio”, advierte.

Un obispo indígena

El obispo Damián sueña con que su sucesor al frente de la diócesis de São Gabriel da Cachoeira, en la frontera con Colombia, sea indígena. Es lo que corresponde, dice, porque es una de las que tiene más proporción de fieles nativos. Seis de ellos, cada uno de una etnia, asistieron con él a la reunión con otros religiosos, laicos y obispos en Manaos. Recorrer los 800 kilómetros que separan ambas ciudades lleva entre dos y cuatro días en barco. Depende de si uno toma el rápido o el barato. Los privilegiados pueden llegar en avioneta. Gracias a esa lejanía, es de las que mejor ha resistido el embate de las ágiles iglesias evangélicas.
El indígena Gerardo Trinidade, 31 años, es un sacerdote de São Gabriel da Cachoeira que atiende a 17 comunidades en visitas esporádicas y fugaces.
El indígena Gerardo Trinidade, 31 años, es un sacerdote de São Gabriel da Cachoeira que atiende a 17 comunidades en visitas esporádicas y fugaces.
Aunque el presidente Bolsonaro fue bautizado en la fe católica como buen descendiente de italianos y sigue fiel al Vaticano, ha forjado una estrecha alianza política con los principales líderes de las iglesias evangélicas. Su hostilidad a la jerarquía católica es evidente desde la campaña electoral. Los considera unos izquierdistas. El ultraderechista admitió recientemente que la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) vigilaba los preparativos del sínodo porque el Gobierno es extremadamente sensible al asunto de la soberanía de la Amazonia y considera que el encuentro con el Papa “tiene mucha influencia política”. Los obispos son conscientes de esa desconfianza, que atribuyen a los enormes intereses económicos y políticos que entraña la cuestión, y por eso han celebrado varios encuentros con representantes de las Fuerzas Armadas. La agencia de inteligencia convocó a los representantes de Cáritas para que les explicaran de primera mano su trabajo. Nunca lo habían hecho.
Pese a que los jerarcas católicos no mencionan a los evangélicos, la Iglesia es perfectamente consciente de la eficacia con la que estas nuevas iglesias de inspiración estadounidense entran en las comunidades indígenas. En un abrir y cerrar de ojos, forman y envían un pastor, una pastora o un matrimonio de pastores que se queda a vivir entre los fieles. Y ahí están con la parroquia en las alegrías y en las penas. Cosa que no ocurre con los católicos, que pueden contar con sus sacerdotes para celebrar sus bodas y bautizos pero no en los peores momentos, cuando enferman o afrontan la muerte.
La Asamblea de Dios, la más poderosa de las iglesias evangélicas de Brasil, nació en la Amazonia en 1911. Pero existen cultos enfocados exclusivamente en los indígenas como la Misión Nuevas Tribus de Brasil, que ha creado más de cien iglesias lideradas por miembros que pertenecen a 44 de las más de 300 etnias de Brasil, según su página web.
Marcivana Sateré-Mawé, una de las líderes indígenas que participó en la reunión presinodal en Manaos.
Marcivana Sateré-Mawé, una de las líderes indígenas que participó en la reunión presinodal en Manaos.
Gerardo Trinidade, 31 años, es una rareza entre los curas brasileños porque es indígena. Es un baniwa. Ordenado hace un año, se ocupa de 17 comunidades rodeadas de aldeas donde los evangélicos son mayoría. “Solo las visito cuatro veces al año y son visitas con muchas prisas”, explica en Manaos. Básicamente llega, mantiene una reunión, echa un partidillo de fútbol con los aldeanos, pone una película, da una charla, celebra misa, administra la comunión… Tras hacer noche toma la lancha para la siguiente comunidad.
La última palabra es del argentino Jorge Bergoglio, el primer latinoamericano y jesuita en el papado. Hay mucho en juego dentro y fuera de la Amazonia. Al final de la última misa que reunió a los participantes en el encuentro presinodal, los fieles de São Gabriel hicieron un ritual indígena para proteger a sus obispos durante la misión al Vaticano.
QUE SE CASEN Y QUE DEN EJEMPLO COMO PADRES DE FAMILIA NUMEROSA.

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